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Opinión

Incendios y focos de calor, ¿aprenderemos de la experiencia?

Alberto Yanosky.

Alberto Yanosky.

Estamos soportando no solo en Paraguay, sino que en la región, una ola de calor bastante fuera de lo normal, que hace que, sumada a la extensa sequía y los fuertes vientos del norte, tengamos las condiciones propicias para que se generen incendios en todo el territorio nacional. Difícilmente haya algún lugar que se salve del impacto de los incendios, si bien pueden no recibir el impacto directo del fuego por tratarse de zonas totalmente modificadas y sin material combustible, sí reciben los impactos del humo y las cenizas. Seguramente vemos en nuestras casas cómo ese humo y cenizas se acumulan en diferentes lugares, lo que no vemos es cómo eso mismo ingresa a nuestros cuerpos afectando nuestras vías respiratorias y provocando infecciones oculares, conjuntivitis y cataratas.

Si bien muchos de nuestros ambientes están adaptados al fuego y hasta tenemos ambientes que requieren del fuego para mantenerse en su estado maduro, hasta con algunas especies cuyos frutos y semillas necesitan del fuego para poder cumplir con su ciclo, lo cierto es que gran parte de los incendios que sufrimos tienen el origen en malas prácticas que llevamos a cabo los seres humanos. Malas prácticas que hacen los ganaderos, ya que erróneamente creen que incendiando sus pasturas y pastizales permitirán que haya nuevos forrajes más palatables para su ganado; otras malas prácticas que utilizan los más urbanos es quemar la basura y la que no siempre es hojarasca.

Es cierto que la prescripción de incendios es una práctica de manejo, que debe ser llevada a cabo por quienes entienden del tema, evitando así la carbonización del suelo, la volatilización de los nutrientes, y hasta el manejo del mismo para realizarlo de tal manera que permita su uso eficiente y el mantenimiento de los recursos naturales, incluyendo no solo los materiales minerales que la naturaleza contiene, sino también toda la vida asociada a nuestros ambientes que se someten al fuego. Vemos así nuestros barrios llenos de humo y cenizas, y vemos así muchos suelos carbonizados, lo que conlleva a pérdida de fertilidad y degradación del suelo, como así también la contaminación del aire del ambiente por todas esas partículas en suspensión que, entre otras cosas, llevan los nutrientes del suelo a otra parte. Cada día vemos que estos fuegos se acercan más a las zonas pobladas, poniendo en riesgo bienes materiales e inclusive la vida de las personas.

La legislación es bien clara en cuanto al fuego, aunque, como ocurre en muchos otros ámbitos, el marco legal es pertinente y claro, pensado para la sostenibilidad, pero la inaplicación y la falta de control y fiscalización hace que el marco legal no sea implementado. Si cada uno de nosotros supiese la responsabilidad que conlleva prender fuego, si cada uno de nosotros pensara en el otro al momento de encender un pastizal o quemar basura, creo que podríamos tener una ciudadanía más responsable. La información sobre los focos de calor existe, la academia ha permitido tener esta información disponible, la que rara vez usamos. Tenemos instancias legales de coordinación para el combate de los incendios, que no van más allá de meras reuniones que no llevan a prepararse de antemano para la emergencia. Solo vemos los resultados de los llamados desastres “naturales” como los incendios, y ni siquiera hacemos una estimación del impacto económico, ambiental y social que tienen los mismos.

Mientras el país se quema, algunas autoridades con responsabilidad directa hacen campaña política; el marco legal no se aplica ni caen multas a quienes afectan el patrimonio y los modos de vida de los conciudadanos, no se capitaliza la información que surge de los análisis de las condiciones atmosféricas para que se nos esté alertando de cuáles son esas zonas críticas; llegados los eventos que lógicamente ocurrirían tenemos equipos de héroes voluntarios que luchan contra estos incendios con escasos recursos que vienen principalmente de la cooperación internacional y de lo que recaudan en las calles gracias al aporte de la ciudadanía.

Cada vez que veo a estos héroes pidiendo aportes en las calles y rutas de todo el territorio nacional, pienso qué país tenemos y queremos, un tema tan crucial como es la seguridad ciudadana, en manos de gente que voluntariamente arriesga sus vidas, sin un compromiso real de parte de quienes conformamos el Estado. Y quizás pase todo por un tema de educación que conllevaría a una concienciación más adecuada, nuestros niños deberían ya aprender desde pequeños sobre la importancia del manejo del fuego y de la responsabilidad que tenemos al momento de iniciar cualquier quema, por pequeña que sea.

Todos los años la misma historia, aunque algunas diferencias importantes como que estos temas siempre fueron cuestiones del final del invierno e inicio de la primavera; sin embargo, habiendo sufrido estos temas hace unos meses atrás, hoy estamos en el medio de verano, recibiendo algunas condiciones que nos parecen un poco fuera de lo normal (sequía, falta de lluvias, vientos del norte muy fuertes e incendios) más una práctica que parece no cambiar y que nos debería llamar a la reflexión. Los recursos del Estado obviamente que deben estar para hacer frente a estos desastres; sin embargo, nos urge comenzar a atender estas cuestiones desde la planificación y comenzar a ocuparse antes, para reducir el preocuparse después. O, estamos esperando ver pérdidas de vida para poder realizar acciones más concretas.

Se agradece el apoyo de Larissa Rejalaga.

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