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Opinión

Las “estrategias” de los hijos de Dios

37No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y  no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados. 38 Dad y recibiréis dones: una medida generosa, colmada, remecida y rebosante se derramará  en la escarcela de vuestro vestido. Porque la medida  que uséis con los demás será la medida con que os recompensarán a vosotros. 39 Les añadió una parábola: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? 40 No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido. 41 ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? 42 ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, si no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano. 43 “Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. 44 Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. 45 El que es bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el que es malo no saca más que mal  de la maldad que le invade. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca.

[Evangelio según san Lucas (Lc 6,37-45); 8vo Domingo del Tiempo Ordinario]

El texto del Evangelio de san Lucas, que nos ofrece la Iglesia, para nuestra reflexión dominical está compuesto de varios imperativos y de máximas y proverbios. Es continuación del texto anterior, del domingo pasado; por eso, lo consideramos desde el v. 37, que en el ordo de la CEP no estaba incluido.

– “No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y  no seréis condenados”: El término “juzgar” no se refiere al ámbito jurídico, en el que un juez pronuncia una sentencia —y por extensión, tampoco está vinculado con los procesos canónicos eclesiásticos, que el obispo lleva adelante en su jurisdicción por un delito contra la normativa de la comunidad cristiana. Aquí, “juzgar” indica la inclinación que experimenta el creyente, y el ser humano, en general, a criticar  y encontrar defectos en el prójimo. En el mismo sentido debe entenderse el imperativo “no condenéis”. Los hijos del “anti-reino” juzgan y condenan. Los hijos del Reino reciben la orden de hacer prevalecer la “misericordia”. Esta misericordia debe concretarse en el perdón y en una generosa apertura a la donación. Esta es la condición para no ser juzgados ni condenados por Dios. La medida de la generosidad implica plenitud, que debe ser la norma de conducta de los hijos del Reino”. A la generosidad humana corresponderá la superabundancia divina, una donación que no conoce límites.

– Les añadió una parábola: “¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? Los discípulos se preparan para ser los guías del pueblo; pero no pueden ser “guías ciegos”, sino tienen que conocer y reconocer perfectamente el “camino”. En un contexto como el de “no juzgar”, la máxima puede referirse a los jefes cristianos que cumplen roles de autoridad en la comunidad y que no son capaces de reconocer sus propios defectos y límites. El que no acepta la crítica y es incapaz de una autocrítica no puede guiar a los demás. Ahora bien, si se considera este proverbio unido al siguiente y se tiene en cuenta la relación “ciegos” y “guías” con “discípulos” y “maestros”, la idea parece que contiene un significado más profundo, es decir, se refiere a los líderes devenidos en “falsos maestros”.

– “No está el discípulo por encima del maestro. Será como el maestro cuando esté perfectamente instruido”: El guía, es decir el maestro, tiene que poseer  una vista bien clara; y como el discípulo depende de su maestro, este requisito adquiere particular relieve. Llegará un día a ser como su maestro, en la línea de una semejanza con el propio Jesús.

– “¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? A Rabí Tarpón, una tradición posterior (año 100 d.C.), se atribuía una frase semejante. Este Rabino, entristecido porque la gente de su tiempo no toleraba el más mínimo reproche, habría dicho: “Si uno dijera: “¡Quítate esa mota que tienes en el ojo”, el otro podría responderle: “Y tú quítate la viga que tienes en el tuyo. La figura, en todas sus formulaciones, es deliberadamente grotesca y pretende ilustrar la inclinación humana hacia la crítica y la reacción espontánea que produce. La máxima subraya la necesidad de una sincera evaluación de las propias limitaciones en orden a un serio perfeccionamiento de las capacidades innatas. Solo el que logra superar los fallos personales puede alcanzar una visión suficientemente aguda como para ayudar a sus semejantes. Las palabras de Jesús no imponen a sus discípulos la prohibición de formarse un juicio moral sobre la conducta del ser humano; lo que condenan es todo intento de corregir  a los demás antes de haberse aplicado a sí mismos esa norma de conducta. Es evidente que la máxima se refiere a los líderes de la comunidad; pero, al mismo tiempo, es indudable que no se restringe a ellos.

– “Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano”: En el griego clásico “hipócrita” es el actor de teatro que, transformado semánticamente, adquiere el significado “embustero”, “farsante”, incluso “impío” y “malvado”. Ha llegado a ser sinónimo de “mentira” y “falsedad”. Lo que sigue, una invitación al “hipócrita”, consiste en anteponer la autocrítica a la crítica.

– “Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno”: Esta sentencia quiere decir que es imposible que una persona corrompida pueda inducir en otros una conducta irreprochable; hay que comenzar por demostrar, con las propias obras, la bondad interna de cada uno.

– “Cada árbol se conoce por su fruto”. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El que es bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el que es malo no saca más que mal de la maldad que le invade. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca”. Estas metáforas, tomadas de las leyes de la naturaleza, son traspuestas con facilidad al ámbito de la conducta moral. No parece imposible  que el significado de estas figuras  encierre en este caso una alusión a los líderes de las comunidades devenidos en falsos maestros y falsos profetas que por su inconducta y complejo de superioridad, sin capacidades catequéticas y de autocrítica son calificados como “zarzas” y “espinos”. No ayudan a crecer; más  bien hacen daño y entorpecen la adhesión a Cristo.

En fin: He titulado este texto de san Lucas: “Las estrategias de los hijos de Dios”. “Estrategia” es, básicamente, un conjunto de acciones muy meditadas, encaminadas hacia un fin determinado. En el Nuevo Testamento aparecen los vocablos strategos y stratía que significan “campaña militar”; “funcionario” o “jefe provincial”. En ocasiones indica la “astucia de un general que estudia con detenimiento el movimiento de sus tropas” en una campaña militar. Aquí, lo tomamos como “préstamo” lexicográfico del campo castrense con el fin de explicar mejor lo que nos propone Jesús en el Evangelio. Con esto quiero significar que las recomendaciones de Jesús a sus discípulos no son actitudes pasivas sino “estrategias” basadas en un sistema axiológico diametralmente opuesto a las empleados por el enemigo (“los hijos del antirreino”, “hijos de las tinieblas”, secuaces de satán) que usan la “táctica” de la mentira, de la calumnia y la difamación, de las medias verdades o de verdades “a la carta”, junto con la hipocresía. Las estrategias de los hijos de Dios son la verdad, la bondad, la misericordia, la paciencia, la justicia y su restablecimiento; el perdón, la capacidad de escucha.

En consecuencia: las “estrategias de los hijos de Dios”, de los discípulos de Cristo, no son simples acciones ingenuas sin finalidad ni propósito. Sino “planificación de acciones amplias y concretas para el logro de un objetivo”: expandir el Reino de Dios. Los líderes cristianos, en este sentido, como guías, deben tener una visión clara para conducir, a semejanza con Jesús. Un líder ignorante y sin capacidad de autocrítica, que solo busca reconocimiento y aplausos será un “falso maestro”, un “falso profeta”,  un “guía ciego”, lleno de maldad y de codicia que solo aleja y espanta.

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