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Opinión

La madre, una mirada diferente

POR Alberto Yanosky
Director EIISA (Estructura Interdisciplinaria de Investigación Integral Socio-Ambiental) - UNAE.

Celebrábamos ayer el día de la madre y para quienes venimos del mundo de las ciencias de la vida, madre tiene una connotación diferente, especial, quizás madre tenga el mismo significado común, ese ser “femenino” que en su vientre alojó a un ser vivo en formación desde el momento en que el espermatozoide fecundó al óvulo en el interior de sus órganos reproductivos (o más tecnológicamente hablando, el óvulo inserto en ese órgano comenzó a desarrollarse, ya que tenemos técnicas que permiten que la fecundación ocurra de una manera menos natural). Sin embargo, el ser madre y engendrar tiene otras facetas biológicas. La evolución se ha dado de tal forma que la madre juega un rol importantísimo, desde el momento de la fecundación, donde un espermatozoide (célula reproductiva que produce el macho) que no mide más de 3 micras de ancho por 6 de largo (una micra es la milésima parte de un milímetro) ingresa al cuerpo de la célula de mayor tamaño que tiene una hembra humana, el óvulo, que mide 1,5 mm; es decir, que si comparamos tamaños necesitamos más de 250 espermatozoides para equiparar al tamaño de un óvulo. Mientras nuestras hembras humanas naturalmente disponen de un solo óvulo mensualmente (raras veces más), el macho humano dispone de, y vaya coincidencia, 250, pero millones de espermatozoides en una eyaculación. Esto me lleva a pensar que mientras el macho humano tiene características oportunistas, la hembra es más selectiva, más especializada.

Y luego me pongo a pensar en los procesos de selección, porque esa mujer decide con quién ser “madre” y trato de entender el amor y la pasión, y comienzo a mirar un poco más allá de nuestra especie y veo que tenemos en las aves unos machos con unos “atuendos” exuberantes, llamativos, coloridos y complejos, que están mayormente acompañados por procesos de bailes y cantos, todo ello ¿con qué fin, si es que hay un fin? Evidentemente llamar la atención de la hembra, para que esa hembra elija a ese macho. Nuevamente la hembra tomando la decisión de cuál macho será con el que va a reproducirse y dejar descendencia. También hay algunas evidencias de machos que incuban los huevos y crían los pichones, aún si no son de su propia progenie. Entonces, el rol de la hembra que va a ser madre es clave desde el punto de vista biológico y desde el punto del comportamiento.

Y volviendo al óvulo, tan grande célula comparada con el espermatozoide, una vez fecundado, comienza a dividirse, pero llama la atención que parece que lo único (y nada criticable) es la carga de los cromosomas que aporta el espermatozoide, porque el óvulo es como el receptáculo, el recipiente, la base, la fundación, de ese ser vivo que comenzará a formarse. El óvulo aporta al ser en formación no solo los cromosomas, sino todo el resto de estructuras que tiene la célula más grande del cuerpo femenino. El ser que crece es grande, resultado del aporte de la madre con lo que hay más allá del núcleo donde se encuentran los cromosomas. Las mitocondrias siempre fueron un buen ejemplo para mí, son esas estructuras que brindan la energía, mientras en el espermatozoide están en la base de la cola y sirven para darle el movimiento a las colas de esos millones de células microscópicas luchando por ganar la carrera de llegar al óvulo, y una vez logrado dejan de funcionar, las mitocondrias maternas están ahí acompañando al nuevo ser que comienza a dividirse y a crecer.

La cultura y el hábito maternal es clave para la supervivencia de las especies, y evidentemente la nuestra también. Están las características biológicas tanto en la fisiología como en la psicología, pero también hay cuestiones culturales en el hecho de ser madre. Y tanto en el mundo animal como en las sociedades humanas, el ser madre no es tarea sencilla, se va adquiriendo destreza por experiencia propia o por experiencia del colectivo en el que la mujer se desempeña. En ambos mundos, hacer una buena gestación, dar un buen lugar de crianza, asegurar y defender a las crías, alimentarlas correctamente, parecen tener muchas características en común. El dolor no solo en el nacimiento, sino los efectos sobre la salud durante el período de gestación, es otro de los aspectos que llaman la atención. La naturaleza ha otorgado un umbral del dolor muy alto a las madres.

La evidencia del conocimiento nos arroja respuestas claves mostrándonos el rol que cumple la hembra, la mujer, el sexo femenino para dar a luz y ser madre; en el proceso previo, desde con quién decide ser madre, durante el proceso de gestación, con todas las transformaciones a las que el cuerpo y la mente se ven sometidas, como también al proceso de crianza para asegurar que la cría perpetúe la especie. A ellas, las madres, mis más altas consideraciones y no dejarán de fascinarme con esa cualidad única de poder engendrar y decidir con quién hacerlo.

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