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Opinión

La pelota “tata” está en el campo de la Fiscalía

POR Por Martín Ramírez Machuca*
Dr. en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania.

El luctuoso episodio que enlutó al país, especialmente al sistema jurídico del país, debe servir de lección para los estamentos que administran la justicia de la República. Definitivamente, el Poder Judicial, órgano rector de la justicia del Estado, debe entrar en proceso de una profunda reforma con todos los actores de la sociedad. De esa manera, se podrá llegar a un consenso y conciliación nacional, en lo que respecta a la administración de la justicia.

El asesinato del fiscal Marcelo Pecci marca una etapa en la vida de todos los paraguayos, fundamentalmente para los jóvenes, la nueva generación que no ha vivido ni experimentado los atentados y asesinatos y que nunca fueron aclarados ni debida ni objetivamente, es decir, no se han dilucidado los nombres de los actores morales de esos alevosos delitos que han conmocionado en varias etapas del país en su andar hacia la verdadera democracia.

El asesinato cruel, despiadiado y cobarde del periodista Santiago Leguizamón visibilizó la existencia de grupos poderosos ligados al narcotráfico, cuyos miembros no escatiman a quién eliminar con tal de limpiar el camino para sus fechorías. La sociedad paraguaya aprendió a cerrar la boca y los ojos para no involucrarse con los hechos antijurídicos realizados por estos malvivientes y antipatriotas, pues es mejor ignorar antes que perder la vida o arrastrar a familias a un infierno indescriptible.

Este nuevo asesinato, que se llevó a un profesional que estaba haciendo bien los deberes, empoderó, en cierta forma a la sociedad, a no callar más y a defender lo poco que queda de la moral y ética en este maltratado país. La responsabilidad de acompañar a este pueblo que quiere ver la luz de esperanza de un mejor país conciliado y con mejor calidad de vida es de todos los paraguayos de bien. La Fiscalía General del Estado es el órgano que debe dar insumos objetivos a los jueces para iniciar a la limpieza del país, si pudiera apenas dar una señal positiva, tendría todo el apoyo de la ciudadanía, sin ojos vendados ni tapabocas.

En la marcha organizada en repudio al deleznable hecho que cegó la vida de un representante del Ministerio Público, se la vio a la fiscala general del Estado, Sandra Quiñónez, encabezar dicha marcha, además de ella, varios funcionarios de alto rango del Estado. Se valora y se entiende esta loable actitud humana y empática, y si se puede decir, con una hálito espiritual de un pueblo creyente; celebro que se haya realizado bajo estos cánones.

Aparecen varios interrogantes como nebulosa y que apagan la fuerza y motor noble de la marcha, ¿es correcto que la Fiscalía pida justicia, si esa institución es la que debe investigar e imputar a cualquiera que cometa un hecho antijuridico? Desde mi perspectiva, es una señal de debilidad que ha mostrado la Fiscalía en este delicado momento, la justicia no puede arrodillarse ante ningún grupo fáctico, fuere lo que fuere, al contrario, debe mostrar temple, seguridad y mano dura contra el crimen organizado.

A nivel local, el crimen organizado se ha fortalecido en los últimos años. Esta vez, este nuevo atentado no ocurrió en suelo paraguayo, sino en otro punto geográfico, esto implica la existencia de una organización transnacional que involucra a varios países de la región. Se habla de que Paraguay es la ruta del narcotráfico y del contrabando, esto ensombrece más aún la muy mala reputación de nuestro país como el segundo más corrupto de la región. ¿Cómo se ha llegado a esto? ¿Qué han hecho los gobiernos de estos 32 años de transición a la democracia? Por cuestiones lógicas, se supone que ya deberíamos estar viajando en trenes eléctricos de alta velocidad a Encarnación, que nuestras ciudades fueran amigables con sus habitantes y, por sobre todo, que nuestra educación brillara en todo el continente. Pero NO. Lo que he citado pertenecería a una novela de ciencia ficción 4.0. Estos gobiernos seudodemocráticos solo han servido para que sus gobernantes pudieran llenarse los bolsillos y enriquecerse a costa de este hastiado pueblo.

La pelota tata está en el campo de la Fiscalía  para que ponga coto al crimen organizado y se pueda reiniciar una nueva vida, un nuevo país para todos, pues así como están las cosas, y como se podría interpertar, parecería que este país de casi 8 millones de almas, ha perdido su soberanía y se ha entregado como regalo a estos grupos mafiosos que ponen en vilo a toda la nación.

La muy mentada soberanía del país se apaga cuando naciones como los EE.UU. se encargan de “ayudar” a nuestro país para esclarecer los innumerables casos que involucran a los grupos de narcotraficantes. No solamente los EE.UU. están tratando de ayudar, sino también la amiga nación hermana colombiana, cuyo pueblo ha pasado por una trágica y oscura etapa, debido a la libertad de acción que tenían grupos de narcotraficantes.

De soberanía ni hablemos, mejor hablemos de estrategias que la Fiscalía debe realizar para atrapar a estos malvivientes, sean quienes fueren, estén donde estuvieren, sean funcionarios de entes gubernamentales o miembros del propio Congreso Nacional u otros poderes del Estado.

El “aichijaranganismo” en esta coyuntura no se justifica bajo ningún sentido. Salvar a la Nación debe ser la consigna, tanto de la Fiscalía, los poderes del Estado y con la ayuda y apoyo de la sociedad misma.

Se espera en estos días mano dura de la Fiscalía para aliviar la congoja de una familia enlutada y de un pueblo que clama de rodillas por justicia y seguridad.

*Correo electrónico: [email protected]

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