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Opinión

El caldo de porotos contra la frágil memoria colectiva

POR Por Martín Ramírez Machuca*
Dr. en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania.

En épocas pasadas, especialmente para la generación de los “baby boomers”, nuestros padres y abuelos nos exigían tomar caldo de poroto, rico en proteína vegetal, fibra, vitaminas del grupo B, hierro, ácido fólico, calcio, potasio, hierro, zinc y fósforo. Aceptábamos sin dar vueltas porque en esa época no había grupos de contención sicológica para tratar traumas derivados del rechazo al caldo de porotos, porque la zapatilla voladora o cualquier elemento moderador, formador y corrector se aplicaba en forma automática.

Ahora, en plena madurez, esa generación que ha vivido el cansino desarrollo del país, puede, quizás, testimoniar que el caldo de porotos fue una estrategia alimenticia correcta y, por sobre todo, que ha colaborado a que aún tengamos memoria de largo plazo. Podemos recordar episodios esenciales que marcaron el rumbo de la nación. ¿Por qué hablo del caldo del porotos? Porque hoy en día esta generación moderna no se detiene unos segundos para retroceder al pasado para corregir los errores en este tiempo.

La memoria es cada vez más corta de esta generación  actual, pues, recordemos que cuando se elegía la terna para el cargo de la Fiscalía General del Estado, aparece de la galera una persona con “supuestamente” un perfil de alto nivel, incluso virtudes éticas y morales. Esta persona hoy en día ocupa la Fiscalía del Estado, Sandra Quiñónez, quien estuvo en el puesto Nro. 60, con muy bajas calificaciones, de ahí saltó a conformar la terna que la llevó a ocupar el actual cargo.

Este breve relato ocurrió en el año 2017, pues Horacio Cartes, en una desesperada carrera, la ubicó en el cargo antes de dejar el poder en el año 2018. Estamos en el año 2022, apenas un lustro de este evento acontecido. La generación con frágil memoria, quizás por no haber consumido el mágico caldo de porotos en su infancia, tiene problemas para recordarlo.

En educación estamos acostumbrados a evaluar las competencias de los alumnos, estudiantes y docentes, para luego orientarlos de acuerdo a las puntuaciones obtenidas. Al que ha logrado obtener buenas calificaciones, se le insiste en no decaer y seguir adelante con el mismo ímpetu como lo estaba haciendo, y, a los que no lo han logrado o han obtenido bajas calificaciones, se les recomienda entrar en un proceso de retroalimentación, con el fin de vencer el obstáculo y lograr de esa manera las competencias exigidas, claro todo esto con el ojo supervisor del docente y la comunidad educativa.

Se subentiende que las personas se presentan a un cargo porque creen tener las capacidades exigidas para el mismo y que también debe someterse a un riguroso escrutinio público con el fin de demostrar fehacientemene sus capacidades.

En el teatro montado para elegir a los “mejores” para el cargo de fiscal se evidenció la presión de  nombrar a una persona que ocupaba el puesto Nro. 60, con el fin de catapultarla al primer lugar. En la jerga educativa existe una figura peculiar y curiosa: el “abonado” o “abonada”, que siempre obtenía “buenas”, a pesar de no reunir las competencias básicas. Sandra Quiñónez, la abonada del cartismo, que zafó un juicio político, justamente con la misma estrategia que la llevó a ocupar el cargo: con la ayuda de los férreos y convencidos amigos cartistas.

La incapacidad de nuestra abonada se visibiliza en la imposibilidad de solucionar un tendal de denuncias de todo tipo, desde el hurto de gallinas hasta el archiconocido y deleznable delito: el narcotráfico. Hace poco han asesinado a un fiscal y luego, de yapa, para este huérfano pueblo, el asesinato del intendente de Pedro Juan Cabalero, quien ha dejado de existir después de unos días agónicos. La irónica, soberbia y antiética respuesta de la fiscala ante una pregunta tan simple: “vamos a investigar cuando queramos”, es la evidencia palpable de una abonada y que está totalmente alejada de la realidad en la que vive la población.

La memoria colectiva nuestra actual es muy volátil, para no decir otra cosa, pues, a modo de ejemplo, la sociedad ya no habla de un hecho que conmocionó a la sociedad: el asesinato de una conocida influencer en un evento en la ciudad de San Bernardino. Es solo un caso, para validar el olvido repentino de los sucesos que marcan y ponen en jaque al país.

En estos días, nuevamente se repitió la historia que involucró a Sandra Quiñónez en 2017, y ahora salta al tapete la figura de Horacio Cartes, quien supuestamente habría colaborado con USD 500 mil a los miembros del del Consejo de la Magistratura (CM), con el fin de “abonar” a candidatos cartistas, según una denuncia hecha por el exsenador liberal Luis Alberto Wagner.

El órgano sensible y en el cual se corta el bacalao después de las reñidas contiendas electorales es el TSJE, que actualmente tiene dos lugares vacantes para reemplazar a los miembros Alberto Ramírez Zambonini y María Elena Wapenka, quienes ya no pertenecen al tribunal por haber cumplido la edad límite por sus edades (75 años).

La denuncia contra este supuesto intento de fraude en la búsqueda de los nuevos ministros para el TSJE se ha viralizado. Varias organizaciones están en vigilia para que no ocurra semejante vejación contra la frágil democracia de este pueblo sufrido y hastiado de grupos corporativos que intervienen en el proceso de construcción de una verdadera democracia.

Defendamos nuestra democracia, ¿cómo lo haremos?: simple, tomemos más caldo de porotos para que se sedimenten en el cerebro los hechos que van marcando la vida de todos los paraguayos de bien. No olvidemos los eventos que atrasan el desarrollo hacia una nación democrática y que todo individuo anhela para vivir en armonía y con calidad de vida digna para sí y para sus hijos.

Recomendación: al caldo de porotos se le puede agregar un poco de queso Paraguay fresco.

*Correo electrónico: [email protected]

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