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Opinión

El tereré y el buen vivir de la paraguayidad

POR Esther Prieto
Jurista, especialista en derechos humanos por la Universidad de Estrasburgo, Francia.

En diciembre de 2020, el Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO aprobó la inclusión de las “Prácticas y saberes tradicionales del Tereré en la Cultura del Poha Ñana. Bebida ancestral guaraní en Paraguay”. Así se registró la inscripción en la Lista del Patrimonio, gracias a una propuesta presentada por la Secretaría Nacional de Cultura del Paraguay. Entre los fundamentos de la propuesta se expresa que el tereré, como consumo colectivo comunitario, fomenta la inclusión, la igualdad social y la comprensión de la diversidad cultural. En el año 2011 se había promulgado la Ley N.º 4261 que declara al Tereré como Bebida Nacional del Paraguay. Esta certificación de la UNESCO legitima el rango de nuestra bebida y la planta de yerba mate, la yerba nuestra, nativa por excelencia, como la llama Dionisio González Torres. El nombre científico de esta planta es Ilex paraguariensis, árbol nativo de la zona paranaense.

En estos días, el Centro Cultural Juan de Salazar organizó una conferencia sobre la yerba mate, con el encabezado de “La civilización de la yerba. Los rituales de la yerba”, teniendo como expositores al prestigioso antropólogo “Mito” Sequera y un referente indígena ava guaraní, de la Comunidad de Ka’a Poty, el Sr. Diego Gonçalvez. El nombre de la comunidad en sí mismo es emblemático, ya que ka’a Poty significa en castellano “la flor de la yerba”. Este encuentro  me inspiró para escribir este comentario, recogiendo algunas informaciones de las tantas que encontré con los amigos que se dedican a este tema y que generosamente compartieron conmigo sus saberes. Mi propósito es llamar la atención y despertar el interés sobre la importancia del rescate de la planta de la yerba mate, la que nos brinda el mate, el tereré y la deliciosa taza de cocido.

Para los pueblos guaraní, es una planta de alto rendimiento, para la hidratación en las altas temperaturas, y para ornamento utilizado en el opy, el templo de los guaraní en la ceremonia del bautismo, ya que el tamói (chamán) bendice la vida del niño o la niña con un mazo de la sagrada yerba, como lo ha explicado Diego Gonçalves. En ese sentido, los pueblos de la familia lingüística guaraní le otorgan a la yerba mate un valor sagrado y curativo, pues como polvo sana las heridas y quemaduras.

La yerba mate tiene en su esencia dos compañeros inseparables: el mate caliente y el terere frío. En la certificación de la UNESCO se menciona el tereré con el poha ñana como patrimonio, colocándolos en la lista de los bienes de la humanidad, reconociendo la propia historia de este arbusto que ha sido considerado como el “oro verde” desde hace tres siglos, entrando a competir con el mercado del té de origen oriental y el café de origen africano. Según varios investigadores, en algún momento de la historia, la competencia del comercio de estos productos ha sido muy dura por el lucro obtenido con su comercialización. Varios autores comentan que las misiones jesuíticas han podido realizar un registro del valor científico y en ese tiempo, la colonia española ya era un gran exportador de la sagrada planta. Más tarde, Bompland dedica los años de su vida al estudio de esta riqueza de la naturaleza, fomentando el cultivo y mantenimiento de la producción de la yerba mate. Todos sabemos parte de esta historia, que data de los tiempos del Dr. Francia, la que se ha rescatado en un museo en la histórica ciudad de Santa Maria de Fe, gracias a la gestión del  exembajador de Francia, Dennis Venne, y su esposa, Laurence Graffin, quienes aún siguen tutelando este emprendimiento extraordinario.

En toda la Región Oriental del Paraguay, especialmente en la antigua selva altoparanaense, que para los mbya guaraní es el “Tekoha Guasu”, es el suelo donde crece la planta de la yerba mate, abarcando  el norte argentino, Brasil e incluso hasta Colombia. Aunque ha disminuido considerablemente la abundancia de los cultivos de yerba mate, y en varios lugares sustituidos tristemente por las plantación extensiva de soja, algunas comunidades campesinas como la de Yvyrarovana está dedicada desde el año 1994 al cultivo y puesta en valor del producto emblema de la identidad nacional. Según Sequera, trabajan en Yvyrarovana cerca de 2.500 familias campesinas junto con familias del pueblo Ava Guaraní, en un terreno de 17.000 hectáreas recuperadas de tierras mal habidas (Brítez Cué). Es importante señalar que este trabajo de recuperación de la yerba mate, no solo representa aporte económico, sino constituye una relevante contribución en la restitución de la biodiversidad forestal. Expresaron también los expositores, la necesidad de la creación de un instituto de la yerba mate, que investigue y desarrolle la inmensa potencialidad de esta planta identitaria de la cultura paraguaya, es una deuda histórica de las instituciones y academias paraguayas que no han planteado e incentivado su creación -dijeron– aprovechando la yerba mate como base para desarrollar sabores, aromas, colores, fragancias, medicinas, etc.

La cultura de la cosecha de la yerba del monte en las distintas cuencas productivas ha sido históricamente un encuentro festivo comunitario. Asimismo, el ritual del mate y el tereré en la familia y en la rueda de amigos, sigue hasta hoy formando parte del intercambio y símbolo de la unidad familiar y la fraternidad. Con el tereré se habla de lo cotidiano, de política, de fútbol, y especialmente de los chismes de barrios, se hacen chistes, y en pareja, constituye un espacio de comunicación y de unión amorosa. Es tal la fuerza de esta costumbre que ha sido uno de los puntos críticos durante el rigor de la cuarentena por la pandemia del Covid-19. Fue en realidad muy difícil la sustitución del consumo de este brebaje de espacio colectivo, por uno individual con los mates y bombillas personalizados, ya que se pierde el encanto grupal del compartir.

Comercialmente, este producto es uno de los rubros de exportación que tiene un valor económico importante, por lo que sugirieron los expositores de la conferencia la promoción del cultivo de esta planta que además de representar un ingreso financiero. es fuente de alimento, ya que estudios científicos han podido demostrar que la yerba mate contiene varios minerales como magnesio, potasio, hierro y calcio. En un artículo de Margarita Durand pude leer que el  Dr. Doublet, científico francés, en su libro Le Mate expresa que la yerba mate es un regulador  cardiaco y de equilibrio nervioso y muscular, aumenta la resistencia a la fatiga y activa la vida cerebral.

Existe actualmente una fuerte corriente sobre la necesidad de la creación de un instituto nacional de la yerba mate. Hoy día se cuenta con algunas iniciativas que se hallan avocadas a la tarea del rescate del valor histórico de la yerba mate, como el Centro Experimental de Recursos Medicinales, en cuyos bosques se pueden hallar plantas de yerba mate nativas, restos de un tiempo en que cada campesino tenía su propia plantación y producción de yerba mate. Ojalá podamos volver a caminar por esta senda, apoyando especialmente a las comunidades guaraníes para el cultivo y cosecha colectiva de esta milagrosa riqueza de la naturaleza, la yerba mate.

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