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Opinión

Buzz Lightyear: Al infinito y más allá, pero sin gays

UNO

 El mayor impacto que la empresa podía tener en la creación de un mundo más inclusivo es a través del contenido inspirador que producimos – Bob Chapek – Director General Disney.

Era un furibundo republicano, se decía de Walt Disney.

Aportó enormes sumas de dinero a ese partido, durante los años cuarenta y cincuenta. Incluso denunció a empleados y sindicalistas como agitadores comunistas ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Fue servil con Edgar Hoover. Ergo, era una mierda.

Desde los años treinta, Disney siempre se distinguió por ser un estudio políticamente correcto, cuyas películas promovían los valores americanos y era orgullosamente conservador.

En marzo de este año, el Senado de la Florida promulgó una ley que prohíbe a las escuelas discutir y promover temas relacionados con la orientación sexual y la identidad de género. Increíble. El conservadurismo ha ganado terreno de un tiempo a esta parte, en distintas partes del mundo. Insólito, porque Miami es una ciudad con una infatigable Guía Gay: esto es, playas, barrios, bares y clubes nocturnos con esa orientación. Debe de ser la cosmópolis más abierta al Turismo LGBT –a excepción de San Francisco- en todo el continente americano. El hecho de eliminar el debate o la simple discusión dialéctica -acerca del homosexualismo- me hace recordar al nazismo, cuando quemó (en los años treinta) libros que iban contra la decencia y ruina moral.

DOS

Dícese que la cultura cambia cuando el medio lo hace. Y la tecnología muta constantemente. Y lo va seguir haciendo. Estamos en 2022, no en 1980. Las telecomunicaciones han mutado. Los millenials y centenials ya no ven televisión, tampoco cable y menos noticieros. Los smartphones han reemplazado a la caja boba. Se levantan y se acuestan sin despegarse del aparatito. Incluso les molesta que los llames por teléfono. Es una invasión, dicen. Prefieren mil veces usar WhatsApp mientras están viendo sus redes sociales y escuchando música. Todo al mismo tiempo. De ahí, su enojo al atender una llamada: interrumpes su dinámica.

Su música es distinta. Personalmente, no escucho ni reguetón, ni trap y menos cumbia. Pensar que el rock sigue siendo la música de la juventud, es de locos. Se está convirtiendo, como el jazz, en una pieza de museo. Nos guste o no. Podremos discutir con los jóvenes cuál es mejor o si tiene ritmo y letras atrapantes; pero a ellos eso no les interesa. Lo que les importa es la descarnada sexualidad de sus líricas y bailes. En los años cincuenta, el Arzobispo de Lima amenazó con excomulgar a toda aquella persona que fuera al concierto del famosísimo Pérez Prado. La consideraba música del demonio. Como sabemos, provocó el efecto contrario. Prohibir el reguetón ocasionaría lo mismo.

De ahí que me provoque hilaridad que los padres de esos jóvenes apoyen (en un porcentaje interesante) la comunidad “Con mis hijos no te metas”. Déjame de joder. En tanto, ellos están manifestándose, sus críos están navegando o gugleando por las infinitas páginas triple x. Nunca les hablaron de sexo ¿por qué?, porque no están preparados para tal charla. Solo esconden la cabeza, cual avestruz, frente a un ambiente cada vez más hipersexualizado y ante el cual están perdidos.

Les guste o no, la generación actual es mucho más tolerante con las minorías debido, más que nada, a que dichos colectivos ya no se ocultan. Son visibles.

TRES

Diez años atrás, una vez una profesora, en plena conversa en la sala de descanso, indicó:

No me molestan los gays, pero no permitiría que se besen delante mío. Solo eso.

¿Entonces la pareja tendría que pedirte permiso para demostrarse afecto?, ¿qué tipo de libertad es esa?, inquirí.

Ella no supo que contestarme, y tenía veintipocos años.

Dieciocho años atrás, tenía un local en un shopping céntrico. Al lado quedaba el cine, motivo por el cual compartía, en varios momentos del día, con el personal del cinema. En cierta ocasión, vi que se burlaban de un joven gay que atendía un pequeño puesto en el mismo piso. No dije nada, lo dejé pasar. Al poco tiempo, razoné que la vida de ese joven debe ser ya difícil -por su condición- para que unos pelotudos se burlen de él en su trabajo. Entonces, me acerqué a su local.

Hola que tal, soy Tomás, del local de enfrente, te quería indicar si alguna vez necesitas cambio, avísame. Ok.

Para todo aquel, que alquiló un local en un shopping, sabe que conseguir sencillo es una de las cosas más preciadas.

Solo una vez fue por mi local para pedir cambio.

Eso sí, cuando nos topábamos lo saludaba, y él devolvía el saludo; pero con cierta aprensión. Aunque nunca hicimos amistad, quería que supiera que lo respetaba.

Y creo que él también deseaba eso.Respeto.

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