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Opinión

Operación pantalón y pollera

POR Martín Ramírez Machuca
Dr. en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania.

Los que somos de la generación baby boomers aún tenemos en la memoria las peripecias que pasaban los melenudos en la época de la dictadura, me incluyo, porque en esa época también llevaba el cabello largo, por la influencia tal vez de la moda hippie de aquel entonces, con el agregado de la canciones  de Los Beatles y otras bandas de esa época dorada para muchos.

La famosa operación tijera era una aventura peligrosa para todos los jóvenes que se animaban a llevar cabellera larga o barba tupida en esa época, pues aparecían los corregidores o peluqueros “profesionales” para proceder al corte varonil de los greñudos. Aparecían de la nada, había barreras, se subían a los colectivos en la búsqueda de trasgresores de la línea del varón.

Personalmente, me tocó ver a los policías haciendo guardia en alguna esquina estratégica, listos para atrapar a un greñudo. En general era divertido, pero también la operación tijera tenía sus consecuencias negativas, porque muchos iban a parar en las comisarías y ahí ya era otra cosa el panorama. También a las chicas que se animaban a usar las famosas minifaldas recibían sugerencias para alargar sus polleras (faldas).

Para los jóvenes que no han tenido la experiencia de esa muy peculiar operación, les recomiendo un material audiovisual en la que Nicodemus Espinosa relata esa parte de la historia con el humor que le caracteriza. El material lo pueden ver en Nicodemus Espinosa y la Operación “tijera” – YouTube

Esta anécdota da pie para vincular con la última y muy filosófica intervención del exministro de Educación, Juan Manuel Brunetti,  actualmente precandidato a la vicepresidencia por el movimiento colorado Fuerza Republicana, quien dijo en una mitin político: Los niños usan pantalones y las niñas polleras.

No se sabe a ciencia cierta si esa frase tiene relación contra la ideología de género, tema bastante complicado acualmente de explicar con palabras sencillas, pues los grandes pensadores de la ideología de género se han apartado del concepto biológico que la sociedad paraguaya lo tiene ya sedimentado en sus chips mentales, y entrar a  convencer a un pueblo conservador de la existencia de una serie de géneros, puede dar dolores de cabeza a muchos representantes de ese plan.

Algunos partidos políticos que hoy están en férrea campaña proselitista tienen como parte de sus eslóganes a la familia como eje principal de lucha. Disiento de esta idea muy atávica, pues ya la sociedad se ha transformado y estamos viviendo en otra época en la que el concepto tradicional de familia se ha extendido, debido a una serie de factores sociales.

Hoy por hoy, la familia paraguaya ya no se conforma solo con el padre, madre e hijos, sino por una suerte de combinaciones como padrastro, madrastra, tíos, tías, abuelos y abuelas que cumplen roles de padre y madre.

Lo de “pantalón para los niños y pollera para las niñas” es una idea que hace retroceder a toda sociedad pensante a varias décadas atrás de nuestra historia, tal cual como lo he señalado con la anécdota de la operación tijera. Exigir que los varones lleven corte varonil y las chicas vistan con faldas largas. Con la intervención en el mitin político del exministro de Educación, se revitaliza un aspecto de la sociedad paraguaya ya superada, y  creo que ningún connacional que haya experimentado esa faceta de nuestra historia, la quisiera volver a experimentar.

Conviene repasar algo escrito sobre la idea de democracia en visiones modernas. El filósofo italiano Norberto Bobbio (1909-2004) ha trabajado mucho con el concepto de democracia, cuyo postulado se orienta hacia reglas que determinan las decisiones de un colectivo. En una interpretación extensiva a esto, se podría inferir que se deben respetar las decisiones del modo de convivencia de una sociedad. Si un individuo quiere dejarse crecer la barba o dejarse el cabello largo, es una decisión individual que se extiende hacia usos y costumbres sociales. ¿Qué tiene que ver el Estado o el Gobierno en el ejercicio de reglas democráticas?

En el caso de la no muy feliz intervención de un exministro de Educación, pretender exigir que los niños usen pantalones y las niñas pollleras (faldas) es ir contra todo principio democrático, es lesionar, atrofiar y anular el mayor y más preciado bien que tiene el individuo, después de la vida: su libertad.

En esa línea, Fernando Savater, filósofo español contemporáneo, nos habla sobre la libertad de elección, que implica liberarse de concepciones atávicas que nos hacen retroceder como individuo pensante.

Según Savater, hay tres requisitos para una saludable armonía y ejercicio de la libertad:

  1. El conocimiento, sin educación no se llega a él.
  2. Manejar alternativas de acción, ser creativo a la hora de actuar en diversas situaciones.
  3. Decisión de elegir con la ayuda de la voluntad.

Entiendo que el desarrollo de nuestro país no pasa por restringir la propia libertad del individuo, sino todo al contrario; se trata de dejar que la población siga el curso normal de su desarrollo sociocognitivo con el acompañamiento de una democracia más sólida.

La decisión de elegir es intrínsecamente individual y no está sujeta a reglas antidemocráticas que restringen el normal desenvolvimiento de un individuo en una sociedad.

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