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Opinión

Los y las postulantes a cargos electivos

POR Esther Prieto
Jurista, especialista en derechos humanos por la Universidad de Estrasburgo, Francia.

Los periodos eleccionarios en el Paraguay siempre se caracterizan por ser tiempos de fuertes combates verbales entre los adversarios políticos, y generalmente los ataques se dan en un “orden desordenado”, ya que primero se selecciona a quién se quiere atacar y luego se busca las causas, justificaciones o razones para lanzar el ataque, cuando debería ser en sentido contrario, tomando en primer lugar las causas y luego identificar a los responsables de dichas causas para que las valoraciones tengan cierta objetividad, y se elijan a los mejores, con miras a la salud de la nación. Sin embargo, estas contiendas gustan a la gente; la multitud se enfervoriza y se pone al lado de uno o de otro, como suele ocurrir en otros países también. Cada cuál al lado de su líder, a como diese lugar.

Del mismo modo, en las entrevistas públicas a los postulantes a cargos electivos se puede notar la contención que se hacen a sí mismos los candidatos y candidatas, para mostrar cordura y educación, aunque por dentro quisieran lanzar todos sus dardos, que de todas maneras algunos lo hacen, y, por cierto, intensamente. Pero hay algo que me ha llamado la atención respecto a las candidatas y candidatos, y es respecto a las funciones que han de realizar si fueran electos. La semana pasada observé algunas entrevistas en dos o tres canales diferentes en las que fueron convocados los y las postulantes a la Vicepresidencia de la República, y me llamó la atención la falta de precisión sobre las funciones que han de desempeñar en ese cargo. En este sentido, es necesario señalar que, si bien en el Paraguay no tiene la Vicepresidencia las atribuciones que posee en Argentina y Uruguay, posee funciones de bastante relevancia si las manejara con dones estratégicos, por lo que puede ser algo más que un “florero”.

El vicepresidente de la República, por mandato constitucional, coordina las relaciones del Poder Ejecutivo con el Poder Legislativo, sustituye al presidente de la República en su ausencia y participa en las deliberaciones del Consejo de Ministros. No se pone límite para estas funciones, y no conozco una legislación reglamentaria que le marque hasta dónde el o la vice puede ejercer estos roles que pueden darle un buen posicionamiento, políticamente hablando, ya que, siendo el coordinador entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, por ejemplo, se convierte en enlace táctico de transmisión del cruce de informaciones y de propuestas que pueden presentarse entre estos dos poderes del Estado, en el marco respetuoso de la independencia de los poderes.

Este enlace puede incidir de diversas maneras en la concertación política, para la formulación de las leyes, e incluso puede constituirse en factor clave con incidencia en los procesos para los juicios políticos y las interpelaciones a ministros y otras autoridades públicas. Que los vice que hemos tenido no lo hayan aprovechado es otro tema. El otro rol transcendente radica en el espacio político-administrativo, del cual dispone el vicepresidente, en su participación en el Consejo de Ministros, desde cuyo seno puede realizar una serie de actuaciones político-administrativas para contribuir y fortalecer la política del gobierno, incidir en la labor de los ministerios y apoyar las acciones que nacen de la Presidencia. Que no se haya visto ese despliegue de poder que posee el vice es un tema para pensar.

Me ha llamado, además la atención que los postulantes ni siquiera imaginan, por ejemplo, que la Vicepresidencia de la República tiene una misión muy importante en la gestión de las relaciones internacionales, ya que tiene a su cargo la Presidencia de la Comisión Interinstitucional para el Cumplimiento de las Sentencias Internacionales (CICSI), emanadas de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el marco de esta función, no solo realiza la observación y seguimiento de los casos, sino monitorea las acciones que debe emprender el Estado paraguayo a fin de evitar que los casos de demandas internacionales lleguen al estado de sentencia. Esta función le ha sido encomendada por Decreto Presidencial vigente desde el año 2008, con modificaciones. Recordemos que Paraguay tiene pendiente cerca de 50 casos de denuncias en la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, y que ha fracasado en numerosos casos, lo que le ha significado desprestigio en la comunidad internacional y pérdidas económicas millonarias de reparación a las víctimas.

En realidad, causa tristeza observar que las personas que se están postulando para el cargo de la Vicepresidencia para las próximas elecciones aún no han mostrado, salvo algunas excepciones, claridad en el conocimiento e identificación de estas funciones, ni creatividad para sus programaciones, aparecen como personas que han de estar colgadas de la voluntad del presidente de la República, y no es así, no es un subalterno, tiene funciones propias asignadas constitucional y legalmente. A lo que han llegado los candidatos es a saber que sustituyen al presidente durante su ausencia del país, y si ese fuera su única función, entonces sí, correría el dicho popular de ser “florero”. Es lo que se pudo captar en las entrevistas con la prensa, ojalá estemos equivocados, por lo que les recomiendo a los postulantes a vicepresidente una lectura cuidadosa de la Constitución de la República, un aprendizaje sobre la estructura del Estado, y las funciones que han de desarrollar si fueran electos o electas. Así. con esa nitidez y solvencia se debe presentar a las elecciones un candidato o una candidata, si pretende funcionar apropiadamente en el marco del Estado de derecho.

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