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Opinión

¿Transformar los hábitats o mejorarlos?

POR Alberto Yanosky
Director EIISA (Estructura Interdisciplinaria de Investigación Integral Socio-Ambiental) - UNAE.

Desde hace algún tiempo vengo escuchando, inclusive entre colegas, que se llevan acciones que mejoran las condiciones naturales, y que estas mejoras se pueden evidenciar por mejorar los indicadores de biodiversidad, quizás los básicos, como número de especies y abundancia de esas especies. Y esta afirmación, aún con las evidencias científicas de que se ha incrementado el número de especies y su abundancia, puede tener diferentes interpretaciones y connotaciones. Desde la ecología y el manejo de la vida silvestre, la mejora del hábitat significa restaurar, incrementar o establecer condiciones fisiográficas, hidrológicas o de perturbaciones necesarias para establecer o mantener las comunidades nativas de plantas y animales. Y aquí hay un primer acercamiento al concepto, lo nativo, lo autóctono, y, por otro lado, el concepto de comunidades, que se llevan a cabo a través de manipulaciones o intervenciones que buscan mantener ciertas condiciones del hábitat. Obviamente que, en un ambiente degradado y altamente intervenido, puedo hacer intervenciones que busquen lograr un estado original, al cual quizás nunca se llegue, si es que conozco cómo eran esas comunidades naturales originales. Si no las conozco y solo hago inferencias de cómo estaba conformada, vale entonces el esfuerzo por realizar intervenciones que aseguren ciertas poblaciones de especies que conforman las comunidades naturales. Ahora bien, cambiar el hábitat y de acuerdo con un criterio subjetivo, realizo acciones para incrementar los números poblaciones y hasta la diversidad de especies, puede tener connotaciones que van más allá de las condiciones naturales.

En un ambiente donde el agua normalmente es escasa y se presenta temporalmente, y donde el calor y la erradicación solar y los vientos son las características comunes, hacer intervenciones para que la fauna tenga agua todo el año o no sufra las condiciones bochornosas (desde nuestra perspectiva) significa cambiar el ambiente natural. Y no tengo nada en contra de cambiarlo, después de todo hemos intervenido todos los ambientes y lo que nos queda es tratar de restaurar esa naturaleza más pensando en lo que nos gusta y nos conviene como sociedad. Hacer intervenciones como soluciones a la disponibilidad de agua y hasta intervenir en el fuego para moderar los embates naturales, implica alterar las condiciones naturales de ese ambiente. Esa alteración puede significar la aparición especies que, aún nativas o autóctonas, no estaban o estaban en números menores, como así también la llegada de especies que no estaban allí porque las condiciones no se lo permitían, pero que con las “mejoras del hábitat” así sí pueden estar.

La conservación de las especies y de los ecosistemas implica conservarlos en sus condiciones naturales, con la mínima intervención del hombre. Por ello, una de las estrategias más apropiadas son las áreas protegidas, que se agrupan según sus categorías en sistemas nacionales, en Paraguay lo conocemos como SINASIP. Aquí se buscan conservar los hábitats tal cual son originalmente, sin “mejorar el hábitat”, sin poner más plantas para alimentos de los animales, sin más agua o sin circunstancias que hagan que del ambiente natural un ambiente transformado. Los ambientes transformados son en general conocidos como ambientes construidos, que se opone al concepto de ambiente natural. Cabe la gran discusión de cuándo un ambiente intervenido por el hombre no es un ambiente construido, sino un ambiente natural “mejorado”. Y recordemos la definición inicial que incorporaba el concepto de restauración, mejorar el hábitat es restaurarlo, pero para restaurar algo, debemos primeramente reconocer que está afectado, degradado, perturbarlo, de lo contrario por qué restaurar algo si no ha sido afectado.

Quizás desde el punto de vista ecológico debamos replantearnos si poner fuentes de agua en el Chaco Árido, o poner zonas elevadas y secas en el Bajo Chaco o en el Pantanal, serían técnicas de mejoramiento de hábitats, o bien intervenciones para habilitar otros tipos de hábitats que no son comunes en determinadas regiones, después de todo es como atribuirnos que tenemos la capacidad (y la arrogancia) de mostrarle a la naturaleza que se equivocó y podemos poner árboles donde no evolucionaron, o que se equivocó a poner pastizales, o podemos disecar los humedales para hacerlos terrenos secos. Y no olvidemos a Albert Einstein con su declaración “todo lo que puedas imaginar, la naturaleza lo ha creado ya”, y menos a Aristóteles con “la naturaleza no hace nada incompleto ni nada en vano; finalmente, la naturaleza, no se revela, no castiga ni recompensa, simplemente en la naturaleza hay consecuencias lógicas que buscan hacer los sistemas resilientes. La resiliencia se define (según la Real Academia Española) como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversa, es lógico que la naturaleza con sus consecuencias lleve a eliminar a ese agente perturbador. La respuesta está ahí, en la naturaleza, solo con apreciarla y entender sus acciones, podremos construir una sociedad más sostenible y en armonía con el ambiente.

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