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Opinión

Un gobierno débil sucumbe ante criminales

POR Martín Ramírez Machuca
Dr. en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania.

Un episodio bochornoso se ha vivido esta semana en el penal de mujeres Buen Pastor, ya que aparentemente se ha solicitado un permiso especial al Ministerio de Justicia con el fin de que Carmen Villalba, fundadora del grupo criminal EPP, pudiera despedirse de su hermano, Osvaldo Villalba, quien fuera abatido  el domingo pasado.

Esta irracional acción se llevó a cabo durante el corto tiempo del recién nombrado ministro de Justicia, Edgar Taboada Insfrán, y que a raíz del desliz del supuesto permiso para el ingreso del criminal fallecido en un ataúd en el recinto del Buen Pastor, fue destituido nuevamente del cargo. Este hecho nos trae nuevamente a la memoria una declaración que había hecho un miembro de la CSJ, quien ha manifestado que la justicia está  cooptada por grupos fácticos, y por otro lado, revive la teoría de que realmente el EPP existe dentro del territorio paraguayo, pues se suele leer que el EEP no existe: que es una organización de delincuentes comunes que atacan a gente desprevenida o para causar terror en esa zona, quizás con el con el fin de liberar la zona para otros delitos mayores y controlados por otras fuerzas.

El tema cetral de todo esto se visibiliza en un acto aparentemnente humano y solidario con la hermana del exlíder de la banda criminal, pues de acuerdo a las informaciones de los medios de prensa, se le ha preguntado a Carmen Villaba y ella ha “autorizado” la despedida del hermano.

¿Hasta qué punto las autoridades permiten que un grupo criminal articule este tipo de acciones que ponen en duda la vigencia del Estado de Derecho? Nada menos que el Minsiterio de Justicia estuvo incovulcrado en tan lamentable decisión. ¿Qué habría detrás de esta decisión?: ¿miedo?, ¿subordinación?, en fin, podemos pensar en una lista de posibles factores que incidieron para que las autoridades hayan sucumbido ante peligrosos miembros de una gavilla que ha enlutado a varias inocentes familias paraguayas.

Los órganos del Estado deben revitalizarse y fortalecerse para ganar nuevamente la confianza del pueblo, con estas acciones solo pierden credibilidad y dejan a la deriva a un pueblo socavado por un grupo que destruye la nación. Con este antecedente, desde ladrones de gallinas hasta peligrosos narcotraficantes que actualmente están encerrados, pedirán, solicitarán y autorizarán ver por última vez a sus familiares fallecidos.

Aunque el Ejecutivo obró rápidamente y destituyó  al recién nombrado ministro, con esta acción, por lo menos dio un mensaje alentador al pueblo que está indignado por tamaño “error” que se ha cometido. Error en el sentido muy “pueril”, pues bajo mi análisis, no habría sido un error, sino que alguna fuerza oculta  y poderosa habría ordenado y facilitado que se pusiera al frente al estamento más sensible y esencial del estado: la justicia.

Una vez más se constata que este Gobierno, que ya está en el cenit del mandato, ha sido uno débil, uno que no ha tenido el coraje de encerrar a los peligrosos delincuentes que andan sueltos, no ha sabido manejar ninguna crisis de esta nauraleza y, lo patético: salvado varias veces de acabar el mandato por un juicio político y otras perlas que el pueblo no se olvida.

Paraguay es un país pequeño, con casi 8 millones de almas que quieren salir adelante, con tres hidroeléctricas que pueden proveer una calidad de vida de alto nivel a todos los habitantes del país, pero imposible de realizar este largo sueño, pues los gobiernos que han asumido en esta tan mentada apertura democrática no han sabido conectarse con el pueblo, tampoco han dimensionado las necesidades reales que requiere este pueblo.

En esta simple y tonta acción experimentada en el Buen Pastor se visibiliza qué tan débiles fueron los gobiernos, o mejor dicho, los gobernantes que han pasado por estos 33 años de democracia. Ahora, a puertas de un nuevo periodo presidencial, no se avizora que se concrete el ansiado cambio para el pueblo paraguayo, sino todo lo contrario, son los mismos actores que han dejado en la miseria y han corroído el tejido moral de la nación, están empeñados en ganar nuevamente el sillón presidencial.

Ante la atenta mirada del gobierno de los EE. UU., Paraguay trata de obtener una imagen de soberano, un país con vigencia del Estado de Derecho y de libertades para el pueblo. Todo esto es una quimera, solo una fuerza externa como la que nos “ofrece” los EE. UU. podría ayudarnos a limpiar este país de narcotraficantes, de lavadores de dinero, de delincuentes, de guerrilleros y de toda lacra criminal que azota a este aguerrido pueblo.

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