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Opinión

El pleno de la CSJ debería renunciar

En una fresca y joven democracia como la nuestra, en la cual aún los hilos de la maldad, la codicia, la corrupción, la deslealtad y el antipatriotismo aún imperan, no se puede esperar nada de una corte a medida de los caprichos del poder político, económico  y quizás  de algunas fuerzas exógenas poderosas que les tendrían como marionetas a los miembros de esa emblemática institución, la que per se debe velar por la seguridad de toda la nación.

Con amargura y decepción  leí  la noticia que el hijo de uno de los miembros de  la CSJ estaría involucrado en algo más que grueso, denunciado por el senador Pedro Santacruz, y que pone en duda a  la ya alicaída reputación de los miembros de la CSJ. En este caso, sin retaceos debería renunciar el pleno de la CSJ, o en su defecto, articular rápidamente el juicio politico para devolver cierta tranquilidad al pueblo  paraguayo. Lo grave y que ya le tiene hastiada a la sociedad,  es que salta nuevamente el nombre de la fiscala genberal del Estado, la  que supuestamente tenía conocimiento del hecho, según se puede desprender de las noticias publicadas por los medios.

En varios artículos que he publicado a lo largo de estos años, he indicado, advertido , denunciado y alzado mi voz de protesta por el hecho que la inamovilidad de los miembros de la CSJ debería ser revocada, pues como he  dicho, nuestra incipiente democracia no esta preparada aún para resguardar lo designios patrióticos del pueblo parguayo. Basta con que los ministros duren un máximo de dos periodos constitucionales.

La idea descabellada de mantenerlos a estos ministros en sus sillas por un tiempo indefinido es una decisión antipatriota e irracional,  teniendo el conocimiento fehaciente que el mayor y esencial problema del estacamiento de la patria es  la justicia: si no hay justicia o si la justicia no funciona en una nación, se puede considerar como estado fallido. Ya varias veces también he indicado que al Paraguay  actualmente se lo puede considerar como un Estado fallido.

En nuestro contexto geopolítico, también existen problemas de tinte político y vinculado con la justicia, vemos, por ejemplo, a Lula quien llegó nuevamente a la presidencia, Cristina Kirchner sigue campante como vicepresidente de la nación. A pesar de estos giros inesperados de estos casos citados en esos países aún se puede vislumbrar el funcionamiento del Estado, pero en nuestro país sucede todo lo contrario: las inumerables denuncias que a diario  los de “a pie”, organizaciones sociales, instituciones estatales ponen sobre la mesa de los estamentos de la justicia quedan en aguas de borraja y a  nadie le importa nada, hasta que el Estado “soberano”, Paraguay,  tenga que pedir ayuda al actual Avenger Superman estadounidense para solucionar nuestros trapos sucios caseros.

A bocajarro los referentes del  gobierno  alegan que Paraguay es soberano, lo siento queridos lectores, tengo otra opinión:  Paraguay aún no se recupera del yugo que lo tiene atado a dos vecinos hipócritas y malintencionados para con nuestro país: Brasil y Argentina, ¿y EE.UU.?, ¿un amigo y aliado?, ¿qué  pide a cambio de esta loable ayuda?: Agua, petróleo, control estrátegico en la región, vaya uno a saber, pero hay interrogantes ante esta interesada arremetida de los EE. UU. en nuestros problemas caseros.

No es la primera vez que algún miembro de la CSJ esté indicado o insinuado que haya estado involucrado en acciones non sancta, tampoco la primera vez que el nombre de la Fiscalía está en la danza patética y deleznable de supuestos hechos delictivos.

¿Es esto que los caídos del Marzo paraguayo deseaban?, ¿es esto que anhelaban los valientes soldados paraguayos del ´35 que defendieron nuestra nación y que devolvió la cordura y la soberanía al Paraguay. Definitivamnete NO, querían otra cosa, una Nueva República, una nueva patria en la cual sus hijos pudieran tener una mejor calidad de vida, una educación acorde al desarrollo inexorable del tiempo.

Soy un ejemplo de que que todo esto lo citado no lo tenemos, soy hijo de un veterano y excombatiente de la Guerra del Chaco, sobreviviente de revoluciones internas y de otros varios conflictos sociopolíticos, pero aquí estoy: escribiendo con impotencia, lejos de la tierra colorada que me vio nacer, frustrado y lamentando que mis connacionales tengan que seguir sufriendo la ignominia de los gobernantes.

El miedo genera en inamovilidad física, y es producto del sistema dictatorial que sufrimos unos 35 años, pero ahora ya no estamos bajo el yugo de ningún dictador que digite los designios de nuestras vidas, sino que ya somos libres y con poder de apuntar con el dedo a  nuestros nuevos verdugos, a estos antipatriotas, vendepatrias que solo miran sus bolsilllos y, lo peor, que se mofan del pueblo al estar vinculados con poderes fácticos y dejarlo a merced de peligrosos criminales.

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