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Opinión

¿Son independientes los poderes del Estado?

POR Martín Ramírez Machuca
Dr. en Lingüística, Lenguas, Filosofía, Educación y Didáctica. Universidad de Kiel, Alemania.

Una República bien constituida se caracteriza por la independencia de los poderes que la conforman y que armónicamente tratan de llevar adelante los planes estatales que se pueden lograr, sean estos a corto o largo plazo.

La Constitución Nacional (CN) de nuestro país establece que el vicepresidente de la República debería ser el nexo entre el Ejecutivo y el Congreso de la Nación. Esto con el fin de mediar y agilizar las cuestiones entre los tantos problemas que les deparan a ambos poderes, aunque no necesariamente deben ser cuestiones de índole político-partidario como ya se ha hecho costumbre en nuestro gastado sistema político. Aún está en la retina de muchos connacionales la entrega de una “carpetita” que entregó el actual vicepresidente al Congreso con el cuento de la reforma del Estado.

En estos días, se ha visto la debilidad de este gobierno, pues no pudo evitar la promulgación de la ley anticonstitucional de prorrogar los mandatos de las intendencias del país. La respuesta del number one, y ahora devenido a cantante, fue muy escueta, simple y cobarde al afirmar que vetó la ley para no “enfrentarse con el Congreso”, pues depende del humor de los congresistas para que se aprueben proyectos.

Nuestro sistema político actual no nos deja de sorprender, de escándalos tras escándalos nos pasamos en cada periodo gubernamental. Hace unos días, el caso del presidente del CSJ,  y ahora, el tema de la discordia, la prórroga de mandato. Esto ya es común en nuestro sistema, no es la primera vez que se recurre a esta estrategia que lesiona el espíritu democrático de hombres libres que deben elegir a sus representantes por medio del sufragio. Al parecer, este gobierno se ha caracterizado por gobernar vía decretos y/o leyes; a sola firma y listo el pollo.

No se vislumbra ninguna luz en el túnel, no hay indicios de que los actores que pujan para el nuevo gobierno tengan un ápice de  patriotismo para poner freno a las malas interpretaciones jurídicas de  nuestra CN; como siempre digo en mis artículos: la CN se ha convertido en un libro de cocina, en el que los ingredientes dependen del humor y del gusto del cocinero de turno.

Los problemas sin resolverse siguen y el tiempo transcurre rápidamente. Dentro de poco, ya estaremos con la elecciones internas y los graves problemas de índole político, social, económico, ético y moral no se resuelven, no se avizora nada positivo en los próximos meses. El 18 de diciembre será una disputa por los colores internos, esta vez será agresiva y los referentes utilizarán todas las argucias políticas con las que ya nos tienen acostumbrados.

La ANR es uno de los partidos más emblemáticos del país: por su genésis, por su historia en el desarrollo de la historia misma del país, con sus luces y sombras; como dirían algunos políticos fosilizados en el poder, y por esta justas razones, esta asociación de hombres libres debe entender que este es el momento de cambiar el rumbo de nuestra maltrecha historia política, especialmente en esta fase de democracia que se está viviendo.

Los referentes importantes de este partido no tocan la tecla del reseteo político. Es imperativo que se cambie esta trillada forma de hacer política: torcer los designios de la voluntad del pueblo con simples acuerdos entre cuatro paredes, lo triste es que algunos gatos locos creen que con estas acciones pueden reparar el daño hecho a este pueblo.

El gobierno anterior fue prácticamente gobernado con gerentes y al final del mandato se trató de forzar la CN para prorrogar el mandato presidencial. En la otra cara de la moneda, este actual y débil gobierno se ha caracterizado por amenazas de juicio político y otras perlas.

En el editorial de El Nacional se destaca cabalmente la fragilidad del sistema judicial del país. Este hecho frustra el deseo de casi 8 millones de almas que están expectantes por un cambio real en el rumbo de nuestra nación, pero la coyuntura actual no permite que eso se pueda cumplir a corto plazo, debido a la degradación del tejido moral de la nación que desembocó en una corrupción generalizada.

Lo triste es que la sociedad ve este escenario como normal y ya no se sorprende cuando funcionarios de alto nivel caen en las redes de la ambición por el dinero fácil, y lo peor de todo, que estos estarían entregados a fuerzas exógenas que podrían ser grupos mafiosos y criminales.

Los responsables del Estado calamitoso y la pérdida de la dignidad de muchos ciudadanos son los politiqueros que han fungido de gobernantes en estos años democráticos. ¿Y el pueblo? Nada, pues, el cambio es lento, y una sociedad subyugada al miedo no puede avanzar ni enfrentarse a autoridades con ropaje corrupto, porque esto traería más estancamiento, miseria y lamentos.

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