Deforestar es la solución

7 Octubre de 2020
7 Octubre de 2020
Deforestar es la solución
Deforestar es la solución

Por Alan Redick

La semana pasada se vivió en Paraguay un panorama apocalíptico. Parecía que la tierra se consumía, ya no con un Diluvio, como prometió Dios que no lo volvería a hacer, sino por conflagración, como lo profetizaron Platón, Sibila, David y como está escrito en el Apocalipsis. Fueron 'días de ira', donde casi se consumió nuestro mundo en cenizas. Pero quizás ese sea solo un preludio sobre aquel 'Dies irae' del que testifican tanto David como Sibila, donde el mundo se disolverá en cenizas.

Solvet saeculum in favilla, teste David cum Sibylla.

El caso nuevamente tomó una trascendencia internacional cuando la famosa activista sueca Greta Thunberg (17 años) retuiteó e hizo un comentario a un tuit de la paraguaya María Paz Peralta (15 años). “Paz”, como se la conoce en tuiter, es fan del Kpop (pop coreano) y siempre informa a sus seguidores sobre lo que pasa en Paraguay. Su tuit expresaba una genuina preocupación por el país, y tuvo su eco alrededor del mundo.

La culpa

Ya hace tiempo una pesadumbre de mala suerte parece cubrir al Paraguay; un desastre tras otro. Muchos son los factores que promovieron tantos focos de fuego en el país. Para empezar, la sequía. Está también la mala costumbre de quemar la basura y quemar los campos o bosques para desmalezar y dejar que crezca pasto nuevo. A eso se suma la precaria condición de las instalaciones eléctricas de la ANDE, en el país de la electricidad. Hubo, sin embargo, otro factor un tanto nuevo; una especie de terrorismo inflamable, donde mucha gente se manifestó en las redes sociales mostrando a lo que ellos llamaban 'gente de izquierda', iniciando fuegos con antorchas.

Todo esto me recuerda al musical Fiddler on the Roof (un violinista sobre el tejado), cuando ante una discusión entre los pueblerinos de la pintoresca Anatevka, el carismático Reb Tevye asiente a uno de los interlocutores diciéndole que tenía razón; inmediatamente otro compueblano argumentó en su contra, a lo que Tevye nuevamente afirmó “él tiene razón”. Al toque un tercer compueblano interviene y dice, “él tiene razón y él también tiene razón, pero ambos no pueden tener razón”, a lo que Tevye responde: “sabés, vos también tenés razón”. Personalmente creo que nos encontramos como el viejo Tevye, y todos están de cierta forma en lo cierto.

Por si la culpabilidad igualmente crea disputas, una cosa hay más segura: el gobierno nuevamente se reveló inoperante. Fue nuevamente la ciudadanía y fueron los bomberos voluntarios los que salvaron el día. El gobierno se excusa siempre diciendo que no tiene presupuesto. Sin embargo, según la ONU, el Paraguay recibió 50 millones de dólares para programas de reforestación. Ya ni siquiera tengo ganas de preguntar dónde está ese dinero. Si por ahí se les ocurre ser transparentes y responder, me tomo el atrevimiento de responsabilizar a El Nacional, para que les otorguen un espacio para que se expliquen.

Cosechar árboles y reforestar como solución

La cuestión ahora es cómo evitar este tipo de situaciones, y la respuesta puede ser algo totalmente contraintuitivo: deforestar. No me refiero por supuesto a crear un desierto para así llamar a eso paz. Me refiero a que como país tenemos que abandonar el estado de mendicidad que tenemos, de estar rogando por ayuda internacional para cada uno de nuestros problemas. Debemos dejar de ser un Estado piñata, en el que los gobernantes de turno revienten todo solo para rejuntar sus caramelitos. Es hora de dejar de apostar solo por “la esperanza”, y reemplazar la esperanza por la responsabilidad y la planificación.

Quizás el problema de los incendios sea algo nuevo para nosotros, pero en otros países, es ya parte de un proceso natural de cada año. California protagoniza un incendio forestal anual. Quizás ahí las causas sean otras, pero los efectos devastadores son los mismos. Existen otros estados en los EE.UU que han tomado una solución más proactiva. En el estado de Oregon, Indiana y las Carolinas (donde están los bosques Apalaches), se han iniciado ya hace tiempo algunos programas forestales que involucran también la cosecha de árboles para madera. Existen diferentes métodos y modelos. Noruega también así no solo pudo salvar sus bosques, sino también hacer de él una fuerza productiva importante.

Los agentes encargados de las cosechas de árboles para madera se encargan también de crear sistemas de modo que, si parte del bosque se quema, se pueda contener el fuego. La madera que se produce genera una rentabilidad importante para el programa (a veces de mano privada, a veces estatal y a veces mixto). Generalmente el programa emplea a su vez a una cantidad de estudiantes universitarios que hacen investigaciones de campo: ingenieros forestales, botánicos, biólogos y zoólogos, geólogos, climatólogos, etc. Así se aseguran de proteger fauna y flora. Los bosques dan también espacio para que los ciudadanos disfruten de la naturaleza; ya sea creando senderos para caminar y otros para las bicicletas; existen también espacios recreativos para acampar e incluso otros tienen hermosos miradores.

Lo cierto es que este tipo de programas ha logrado no solo solucionar el problema de los incendios descontrolados, pero también ha creado espacios públicos, ha incentivado investigaciones científicas, y ha generado un capital importante que hace que al gobierno no le cueste dinero. Incluso, se han creado bosques extraordinarios alrededor de las autopistas. Ahí se aplica bien el viejo adagio alemán que dice que los árboles no dejan ver al bosque, ya que lo que se ve, aunque no lo parezca, no es un bosque profundo, sino extremadamente largo. El bosque solo tiene unos metros de profundidad de la ruta hacia adentro; sin embargo, parece algo inmenso.Imaginemos lo que sería ir por una ruta llena de lapachos blancos, y otra ruta llena de otros tipos de árboles naturales de nuestro espacio nacional. No solo sería un placer a la vista, sino que también ayudaría a detener la polución del ruido de los coches y agilizaría el tráfico, ya que no habría despensas ni casas que abran sus puertas sobre la ruta. También esos árboles podrían ser cosechados y así ese espacio daría lugar a otros árboles. Se puede hacer que manejar sea un placer en nuestras rutas.

Éstos son programas factibles que un gobierno eficiente podría implementar. Ya existen algunos programas ciudadanos, como el que promueve Huberto Rubín, pero sería cuestión de hacerlo a escala nacional y bien planificado. Si el gobierno no sabe hacerlo, que den espacio a otros que sí saben. Además, como existen varios métodos, se podría probar diferentes métodos en diferentes regiones.

Existen selvas y bosques que deben permanecer vírgenes de modo a que se preserve también la naturaleza en su ecosistema en forma prístina, pero el resto de los bosques podría estar bajo la protección y producción de proyectos especiales.

No me caben dudas de que se tendrán los mismos problemas que tuvieron en países más avanzados. En California, las organizaciones ecologistas por lo general no permiten este tipo de programas, el resultado de esa decisión es una devastación anual. Oregon y Carolina del Norte tienen bosques que solo se podrían describir como mágicos. Los bosques europeos son otros ejemplos: ya citamos los magníficos bosques noruegos, pero también está la legendaria Selva Negra germana y los bosques de Bohemia.

Las ciudades deben tener colchones (buffers) de bosques entre sí. Nosotros hemos improvisado todo; no existen o no se respetaron muchos principios urbanísticos. Pero cada ciudad y cada pueblo debe tener sus bosques.

No se trata aquí de reinventar la rueda, simplemente de hacerla rodar. Existen ya varios proyectos exitosos desarrollados en diferentes hábitats y climas. Algunos de ellos nos calzarían bien.

Desde 1990 empezó en Paraguay una sistemática y caótica deforestación. Se estima que hemos perdido un altísimo porcentaje de nuestros bosques y selvas. Solo entre 2001 y 2019 se han deforestado más de 6 millones de hectáreas. Ya viene siendo hora de que reconstruyamos nuestro país que viene siendo saqueado por décadas de corrupción y negligencia.

Hace unos días, el exministro del Ambiente, Edmundo Rolón, pidió que se suspenda la tala de bosques en el Chaco. El Chaco necesita volver a respirar; y creo que esta es una opción válida y necesaria si no se plantean soluciones serias. Además, los bosques quemados deben volver a reforestarse, indefectiblemente.

El gobierno debe dar ejemplo y no esquilar al sector privado

La solución prevista actualmente no puede ser viable. Los grupos de izquierda junto con los ecologistas atacan a los ganaderos y sojeros. Es cierto que hace falta una reforma agraria urgentemente, pero en estos momentos donde el mundo se encuentra mal, es un crimen subir cualquier tipo de impuestos a cualquier sector productivo, sin primero achicar el gobierno y reducir sus gastos.

Los impuestos deberían venir solo una vez que el gobierno haya ajustado primeramente sus gastos. No puede ser que todos estén ajustándose el cinturón y que el sector privado esté luchando por seguir adelante, mientras que los únicos que siguen enriqueciéndose con esta pandemia sean los políticos. Los políticos deben estar a la altura de las circunstancias. Deben ser los primeros en grabarse impuestos a ellos mismos, y luego, si aún se necesita, apretar al sector privado.

Existen tantos cargos de consejeros que deben ser suspendidos indefinidamente, e incluso ministerios supernumerarios que también pueden suspenderse por unos años. Si el gobierno tiene alguna duda de cuáles son los que deben suspenderse indefinidamente, solo tienen que preguntar a la población con un referéndum. Pero claro, como estamos en “democracia paraguaya” la voz de la mayoría no interesa (como ya viene siendo costumbre hace treinta años).

El gobierno tiene que dar lugar al capital privado. No puede ser que tengamos que resignarnos a aceptar las cosas sin siquiera probar soluciones. Nuestra fe no puede seguir estando en la “esperanza”. Es hora de tomar responsabilidades, es hora de que depositemos nuestra fe, con la ayuda de Dios, en una planificación seria. Reforestar es planificar por décadas, más allá de cualquier gobierno de turno.

Ya que lo mencioné, por qué no terminar con otra nota de Fiddler on the Roof. Cuando en el musical unos jóvenes preguntan al rabino, “¿existe una bendición apropiada para el Zar [gobierno]?” El rabino dice “claro” y asiente:

“Que Dios bendiga y mantenga al Zar, bien lejos de nosotros”.

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