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Política

La paraguayización de Estados Unidos

Alan Redick

Alan Redick

El proceso de “paraguayización” de Estados Unidos tuvo su epifanía. Ciertamente el proceso se viene dando mucho antes de este 6 de enero, y aún sigue mucho por delante; mucho, de lo cual ni siquiera nosotros en Paraguay tenemos una noción de cómo seguirá.

En Paraguay, en 1989, se da el quiebre constitucional con el cuartelazo que hizo el Gral. Rodríguez sabiendo que a Stroessner ya no le quedaba tiempo, y sabiendo que tanto él como sus negocios ilícitos ya no tendrían protección. Rodríguez da el golpe bajo la careta de hacerlo por la democracia y así se da inicio a lo que mal llamamos “era democrática”, pues el pueblo no manda ni sus representantes los representan.

Si bien, moleste a quien moleste, el gobierno de Stroessner era un gobierno popular y él contaba con la mayoría de la gente (lo cual se vino a evidenciar en las elecciones posteriores al golpe). Pero si se quiere, el proceso “democrático” ya al inicio vio su primer tropiezo cuando se le robó las elecciones a Argaña (candidato que tenía la bendición de Stroessner).

No quiero discutir en este escrito una posible ucronía de qué hubiese pasado, tampoco quiero defender la virtud de nadie, sino sencillamente concentrarme en el punto de cuándo comenzamos a convertirnos en una verdadera republiqueta bananera (a pesar de que quizás nunca fuimos ejemplo de tanta seriedad).

Nunca fui partidario de Argaña, personaje siniestro y traidor, quien después del golpe iba por todos lados abanderándose de haber sido el autor civil del golpe, y es así cómo lo recuerdan algunos viejos profesores en la Universidad de Georgetown. Sin embargo, al verse Argaña traicionado por el maestro proditor, no vio otro remedio para su causa que ir a pedir perdón (así mismo como suena) al ya exiliado Gral. Stroessner, y contrito y dolido se ganó el apoyo de Stroessner con el que arrasó en las elecciones internas que lo dejarían como candidato presidencial.

Pero la historia que conocemos no termina así. Alevoso y confeso se dio el primer gran robo electoral, cuando las urnas fueron llevadas al cuartel con la complicidad de Rodríguez, Oviedo y el nefasto “demócrata” Juan Carlos Galaverna. Wasmosy pasó a ganar las elecciones y Galaverna se convertiría así en perenne senador y padre moral de esta ñembo democracia. En el 2008, por su crimen electoral, el senado lo sancionó con dos meses de suspensión sin goces de sueldo.

Cabe decir que la oposición, consciente del crimen electoral, no solo guardó silencio, sino que más adelante se volvería también partícipe y encubridor llegando hasta el “pacto de gobernabilidad” con Wasmosy. Desde ahí, con una oposición cómplice, comenzaría un verdadero y sistemático saqueo a la República. En el 92 se transa una nueva Constitución, la cual nunca se respetó, y también, desde entonces, la voluntad popular tampoco se respeta.

No hay justicia. Los grandes ladrones andan sueltos festejando opíparamente o yendo de vacaciones a playas paradisiacas con el dinero que saquearon del pueblo. Como resultado de tantos fraudes electorales, los comunes ya perdieron el valor de lo que es estar empoderado como ciudadano, y tampoco se sienten representados por la cáfila de sinvergüenzas que pululan en el Parlamento. Solo les queda acomodarse con el poder de turno y seguir sus vidas como puedan.

A esa misma “paraguayización” es a la que se enfrentan ahora los americanos.

¿Por qué es fundamental el proceso?

Por lo general, el ciudadano de los EE.UU. se sentía siempre empoderado como ciudadano. Si su candidato o partido no ganaba las elecciones, siempre estaba la posibilidad de esperar y volver a intentar, y por ello nunca hubo una necesidad de hacer un golpe de Estado. Pero sin elecciones limpias y transparentes esa posibilidad ya no existe. No le queda ya una salida democrática a su drama político.

La otra gran garantía que ofrecía el proceso político era la libertad de expresión. Libertad de expresión que parte de la expresión política y se extiende a otras áreas de la vida, pero que originalmente se pensó como libertad de expresión política. Hoy día, esa libertad no solo es censurada, sino atacada y perseguida. Todavía ni asume el nuevo gobierno y ya se habla de sancionar a todos los funcionarios que apoyaron abiertamente a Trump. En las universidades la persecución sistemática a los profesores que apoyaban a Trump comenzó ya hace tiempo. Las redes sociales censuraron al mismísimo presidente (que es, les guste o no, el representante legítimo del pueblo) y tuvieron la audacia de bloquear completamente sus cuentas.

En otras palabras, las dos grandes válvulas que regulaban la presión social fueron eliminadas. El pueblo ya no podrá hacer su catarsis acostumbrada resignándose a esperar las próximas elecciones o expresando su descontento, y eso es muy peligroso, en especial en un país donde el pueblo está armado (lo cual el antiguo pero nuevo establishment sabe y es por ello que irán por sus armas seguidamente).

Quizás los americanos aún no sean muy conscientes de lo que les espera. La Justicia ya viene teniendo falencias gravísimas hace décadas. Bill y Hillary Clinton no están presos; George Bush tampoco, y mucho menos Obama. Existe una clase política y de poder que está por encima de la ley, y últimamente la Justicia se ha politizado más que nunca.

Así como en Paraguay, al fraude cometido contra Argaña le han sucedido muchos otros, y no fue exclusividad de los colorados, y la joda y los engaños han seguido sin descanso y sin castigo. En el 2013 el senador Silvio Ovelar, más conocido como “Trato Apu’a” fue también suspendido por unanimidad, por dos meses sin dieta, por haber comprado cédulas, incurriendo así en un delito electoral. Poco o nada pudo haberle preocupado eso a honorable, pues hoy, quizás gracias a la hazaña, la gavilla de los Ovelar saca como premio una millonada en sueldos estatales sin mérito alguno.

En EE.UU. hasta los demócratas reconocen que hubo algunos fraudes electorales que involucran a miles de votos; sin embargo, aunque ellos mismos los califiquen de anecdóticos y aislados, la realidad es que nadie irá preso por los miles de fraudes que pudieron ser evidenciados. De hecho, de los casos reclamados en 60 Cortes, los rechazos no ocurrieron no porque no hubo fraude, sino que los rechazaron por procedimiento y no por mérito. El Sen. Peters incluso llegó a decir en el Congreso que era mejor no oír los casos, ya que al entretener la idea del fraude la gente puede pensar que el nuevo gobierno no es legítimo, y así, por amor al pragmatismo anglosajón, es mejor silenciar todo.

“No que estaba mal, sino que no podían ser oídos”, y con esa excusa se procedió a atacar a todos los que cuestionaban las elecciones.

¿Hubo o no fraude en estas elecciones?

La respuesta es obvia para ambos partidos, pero los demócratas sostienen que los “pocos” fraudes que hubo no fueron sustanciales como para cambiar el curso de la elección y optaron por silenciar del todo los procesos que resultaron fraudulentos.

En un artículo anterior, yo había sostenido que independientemente a que, si hubo o no fraude, el proceso ya estaba viciado por la falta de transparencia y de voluntad para que se den unas elecciones que garanticen la voz de los votos. Se vota sin documentos, sin tinta indeleble y hasta por correo; y no hay que olvidar que por más de que muchos quieran decir que los americanos son muy honestos, éste también es el país de Al Capone y muchos otros de grueso calibre.

La evidencia circunstancial es tangible. Antes de la elección, tanto demócratas como republicanos, sabían y reconocían que 19 condados serían los que decidirían esta elección. De los 19, Trump ganó 18. Además, Ohio es el Estado que siempre vota al ganador por décadas; en estas elecciones Trump ganó en Ohio y en Florida.

En Michigan, según la legislación, para poder votar por correo uno debe solicitar y demostrar con documentos válidos que es ciudadano residente; sin embargo, el Secretario de Estado envió más de 7 millones de papeletas para votar sin solicitud y obviamente, sin que se presentara la documentación correspondiente.

La Constitución establece que los legisladores de los Estados son los encargados de regular las elecciones en sus respectivos estados. Sin embargo, al no poder hacer los cambios que querían con los legisladores republicanos, recurrieron a la Corte Suprema estatal con superioridad demócrata y consiguieron todos los cambios que querían (sin importar que no estén facultados para ello).

En Wisconsin decidieron hacer cambios a nivel ejecutivo, sin que les importe lo establecido en la ley. Crearon una especie de buzones de entrega que distribuyeron arbitrariamente en su mayoría en zonas de predominio demócrata, cuando que lo que se establece es que la entrega debe hacerse ante un funcionario.

En Nevada aparecieron 19 mil votos de ciudadanos que no residían en el Estado, además de 42 mil votos dobles y 1500 muertos que votaron.

En Carolina del Norte, para estas elecciones modificaron 385 leyes preelectorales.

Ya no estamos hablando de hipótesis ni teorías, sino de hechos concretos que violaron la misma Constitución, especialmente en Georgia, Pennsylvania, Michigan y Wisconsin.

La Constitución claramente establece que los legisladores estatales son los encargados de establecer las maneras (Art. 2, sec. 1, § 2). La 12ª Enmienda Constitucional agrega al artículo segundo estableciendo que en el Congreso las certificaciones deben abrirse y los votos deben ser contados (the President of the Senate shall, in the presence of the Senate and House of Representatives, open all the certificates and the votes shall then be counted). Esto para que a cualquier Estado no se le ocurra hacer algo inconstitucional. Sin embargo, incluso habiendo una disputa, esto no ocurrió.

En las elecciones, el esfuerzo siempre debe estar en convencer al perdedor de que ha perdido y eso solo se consigue con voluntad y transparencia.

Institucionalización del fraude

Algo terrible que viene pasando ya hace años es la institucionalización del mal. Es más que sabido que por mucho tiempo los agentes de la CIA y espías patriotas tenían que hacer cosas malas para defender un bien mayor. Se hizo célebre la consigna en las películas de espías, aquello de que, si eran atrapados, el gobierno se desentendería de ellos y negaría todo vínculo. Tenían que hacer lo que era necesario hacer y el gobierno ni siquiera quería saber cómo lo hacían. Sin embargo, con Obama la tortura quedó institucionalizada y legalizada. En Guantánamo los programas de interrogación por tortura eran oficiales.

Ya sabemos lo del escándalo del Watergate y de cómo por pinchar teléfonos el presidente Nixon tuvo que renunciar. Sin embargo, con Obama se dio el escándalo que destapó Snowden, denunciando con pruebas cómo el gobierno espiaba a todos sus ciudadanos. No solo mintieron al Congreso, sino que nadie fue preso y al final opá re’i el tema. El único perjudicado fue Snowden.

Ahora, estas elecciones dejan un precedente sin parangón, y nadie irá preso. Se ha violado la Constitución; se ha silenciado a cualquier oposición, y quizás, si siguen la “paraguayización” en algún momento a alguien también se lo sancione con una suspensión de 2 meses.

El fraude como imperativo moral

A Trump, después de ser el chico travieso amado por la televisión, desde un comienzo de su carrera política le han hecho la vida imposible. El monopolio de la presa lo ha vilificado constante y permanentemente. Se lo acusó se homófobo, sexista, xenófobo, racista, etc., cuando que su único crimen quizás sea haber sido petulante y pesado.

Mucho antes que Hilary y Obama (que se oponían), Trump había asistido a varios casamientos gays e incluso había hasta sido padrino de honor. Trump incluso, en plena campaña proselitista, se atrevió a criticar las medidas homófobas del gobernador republicano de Carolina del Norte, lo cual terminó asegurando la victoria para el candidato demócrata. Sin embargo, es él el homófobo.

En sus empresas, hombres y mujeres reciben el mismo salario por el mismo trabajo, cosa que no ocurría en la Fundación Clinton, donde los hombres ganaban mucho más que las mujeres que hacían el mismo trabajo. Sin embargo, es sexista.

Basta con decir que el mismo López Obrador, presidente de México, se convirtió en forma indirecta en el mayor apoyo internacional de Trump, al no reconocer a Biden cuando hasta Marito ya lo había hecho. Ningún presidente hizo más por los latinos y afroamericanos que Trump; sin embargo, es xenófobo y racista…

¿Cuál es el crimen de Trump aparte de su personalidad? Levantó como ningún otro la economía del país. Su política internacional se basó en el no-intervencionismo y fue el primer presidente que en décadas no libró ninguna guerra internacional militar. Su única guerra fue económica y la libró principalmente contra China, haciendo que, por primera vez, en el 2019 China cerrara el año perdiendo dinero.

¿Por qué entonces se han ensañado contra él los grandes billonarios y dueños de la prensa y las redes sociales? Lo han tildado de ser una especie de Hitler desde el inicio. La mayor amenaza para una guerra nuclear la constituía el hombre que no había hecho ninguna guerra y ninguna intervención (incluso se negó a intervenir en Venezuela, como sí lo había hecho Obama antes que él).

Tal ha sido la campaña hecha por la prensa y las redes sociales que han hecho que mucha gente sienta que es una necesidad categórica que Trump deje el poder. Mintieron desde el inicio con la cuestión de Rusia (y tras ser demostrada su falsedad nadie fue preso). Se ha hecho que sea un tema moral detener a Trump por cualquier medio posible; así se convirtió el fraude electoral en un imperativo moral. ¿Si pudieras volver en el tiempo, harías fraude para que Hitler no gane las elecciones?

La Casa está dividida

Se acusa a Trump de haber dividido al pueblo americano. Nada puede estar más lejos de la verdad pues la división ya estaba instalada desde hace tiempo. Durante la guerra civil entre el Norte y el Sur, los yanquis y los confederados tenían más cosas en común que lo que ahora tienen los de uno u otro grupo.

Lo que hizo Trump fue simplemente dar voz a una inmensa mayoría silenciosa, y es esa voz la que a toda costa quieren ahora silenciar. Son los demócratas los intolerantes, los que cercenan la libertad de expresión, los que no quieren unidad si no estás de acuerdo con ellos. La unidad como la conciben es silenciar a la oposición. Crean un desierto y luego pretenden llamarlo paz.

El reciente ataque al Congreso fue calificado como un acto de sedición y de racismo. ¿Sedición? ¿En verdad creen que ese era el plan de Trump, de con un puñado de gatos locos (y uno disfrazado de búfalo) invadir el Capitolio para detener el conteo que solo lo perjudicaría a él? ¿Qué posibilidad había de que algo bueno resulte de ello? Y, ¿racista?, ¿siendo que la que murió fue una mujer blanca?

El mismo Biden remarcó que si fuese una turba de negros, la historia sería diferente, con lo que acusaba de racista realmente a la policía del Capitolio (predominantemente demócrata). En un año de saqueos y destrozos de los BLM ninguno de ellos sufrió un ataque directo de la policía; sin embargo, en el Capitolio dispararon con armas letales sobre gente desarmada, matando a una mujer blanca.

La gran excusa del porqué era bueno no dar lugar a las objeciones electorales, era porque el pueblo necesita paz. Biden habló de la necesidad de sanar al país; sin embargo, acusó de racistas y sediciosos a los millones de seguidores de Trump que se manifestaron en su apoyo. Pelosi y el otro grupo de demócratas también hablaron de comenzar el proceso de sanación, pero al mismo tiempo propusieron un juicio político para destituir a Trump faltando menos de dos semanas para el traspaso del poder.

Sólo hay unidad si estás de acuerdo con ellos. Y esta forma de pensar hace de espejo también en Paraguay. A Milva Gauto la atacaron por las redes por ser partidaria de Trump; según los amantes de la democracia, ‘antes ella era respetable, pero ahora perdió todo respeto’ (¿Porque no piensa como ellos?).

Sólo creando un desierto podrán tener paz, y a eso van, pues la idea es, como praxis marxista y fascista, silenciar a toda oposición que no piense como ellos. La mitad de EE.UU. se siente suprimida por la otra mitad; debido a la intolerancia de una mitad la otra mitad prefirió callar y hablar solo a través de las urnas, hasta que Trump vino a articular esa voz de la callada mayoría. Ignorar el descontento de la gente no puede ser opción válida. Pretender que el pueblo calle y acepte la injusticia no puede ser receta para la paz y la unidad, y menos si ya ni en las urnas se puede confiar.

Atropello al Capitolio

Lo que ocurrió en el Capitolio fue una estupidez bochornosa lamentable. No hay ningún republicano que no haya condenado el hecho (cosa que no ocurrió de parte de los demócratas cuando sus grupos de Antifa vandalizaron mitad del país por casi un año).

Trump había convocado a una manifestación pacífica, y fue una manifestación multitudinaria y pacífica en su gran mayoría. La falla principal realmente vino de parte de la alcaldesa de DC que, sabiendo que el Capitolio sería el centro, no hizo mucho para prevenir un desborde. Es más, en algunos videos pueden verse cómo algunos policías van sacando las barreras y haciendo señales a la gente para que avance hacia el Capitolio.

Por otra parte, la policía del Capitolio tampoco actuó profesionalmente. Poco o nada hicieron para contener a la turba en las puertas, que es donde tendrían que haberlos detenido. Tal fue la desorientación, que muchos entraron sin resistencia e incluso se los puede ver entrando, siguiendo el orden que indican los parapetos. El vandalismo fue un tanto ingenuo y bastante infantil, si comparamos con el saqueo y el incendio al parlamento paraguayo. Pero en fin…, se tuvo que lamentar muertes y finalmente los jefes fueron destituidos, pero el curso de la historia cambió en unas horas, pues al final no se dieron las objeciones previstas.

Trump en todo momento actuó conforme a la ley y a lo que le ampara su derecho constitucional; sin embargo, están los de tilde dictatorial que creen que debe ser sancionado igual, a pesar de nunca haber incitado a la violencia y de simplemente ejercer su derecho.

¿Qué nos espera con la “paraguayización” de los EE.UU.?

Lamentablemente, como conversábamos en las redes con el sarcasmo suspicaz de Augusto Barreto, no estamos hablando aquí de la consolidación de una republiqueta bananera, sino de la sistematización de algo mucho más siniestro, al punto de que solo bastaría que se revele el rostro del Sheev Palpatine.

Solo hace falta ver el gabinete de Biden para reconocer el triunfo de los globalistas y Wall Street. Juan Ernesto Villamayor y su equipo termina hasta pareciendo honesto frente a estos. Pero irónicamente, los que más celebran a Biden son los que antaño criticaban al imperialismo yanqui.

Bien ya lo señaló el periodista Hugo Portillo, parafraseándolo: ahora el imperio vuelve y con más fuerza. Volverán a exportar democracia y la libertad a su manera. El triunfo del globalismo se impone más allá de la victoria electoral.

La gran tarea del viejo Bush fue presentar al Nuevo Orden Mundial. Obama tuvo por misión el cambio y la transformación. Pero qué es lo que tanto odiaba que necesitaba tanta transformación, pues nadie quiere cambiar aquello que ama. Para mejorar el mundo no hace falta necesariamente cambiar, basta con rescatar y preservar las cosas buenas.

El mundo sólido como lo conocíamos se está volviendo cada vez más líquido, es así como lo ve Francisco Torales tomando a la teoría de sociedad líquida de Zygmunt Bauman. La crisis de identidad va mucho más allá de las ideas políticas, hacia identidades de género y de conflictos religiosos.

¿En qué mundo estamos viviendo? Hay un ataque sistemático hacia las tradiciones y costumbres que nos dan una identidad nacional y gregaria. Incluso los ritos gregarios cada vez más son reemplazados por rituales individuales. Ya no hace falta ir a las iglesias como partes de una congregación, ahora solo basta una colchoneta de yoga en solitario para satisfacer al deseo de espiritualidad.

Hoy en día, los supuestos amantes de la libertad que luchaban contra Stroessner son los que idolatran a Castro, Mao y Stalin, y son ellos mismos quienes pretenden censurar la expresión e intimidar con un bullying mediático. Hoy es Goli Stroessner, a quien acusan de autoritario, uno de los únicos que apoya la enmienda constitucional del Plebiscito Soberano, que sería la institución más democrática que podríamos llegar a tener. ¿Será acaso por ventura que hoy un Stroessner se convierta en el eje de la resistencia subversiva?

Hasta en el mundo de las ciencias se vuelve a la Inquisición. Con el tema del covid19 se censura a todo aquello que no predique a favor de la única opción y la única salvación: la vacuna que ellos proponen. Cualquier Galileo que intente opinar lo contario, al igual que quienes cuestionan la legitimidad de las elecciones, es censurado y condenado si no se retracta hinojo.

Esta nueva democracia no admite el disenso. Los Payo Cubas deben ser extirpados. Si a alguien se le ocurre decir la verdad sobre los “representantes del pueblo” corre el riego de ser censurado y castigado como se hizo con la tan osada Celeste Amarilla.

Pero no nos engañemos. Las primeras víctimas en esta pacificación y sanidad del mundo serán la libertad y la esperanza, junto con la identidad nacional. Es irónico que los amantes de la libertad solo buscan censurar y castigar a quienes piensan diferente. Los amantes de los derechos humanos condenan a quienes lucharon contra el terrorismo de las guerrillas, pero veneran a los más grandes asesinos de nuestra historia, como lo fueron Stalin, Mao y Castro.

¿Qué hubiese pasado si Argaña hubiese tenido el coraje de Trump? Quizás no hubiésemos tenido un buen gobierno con Argaña, pero por lo menos el pueblo no perdería la esperanza del poder de las urnas para generar los cambios que quiere. Si se respetaba la voluntad popular quizás los políticos tendrían más miedo y serían menos caraduras, porque el pueblo los iba a castigar en cada elección.

Ya viene siendo hora de que en el Paraguay retomemos nuestra propia narrativa para rescatar y preservar las cosas buenas que nos hacen nobles. Es hora de luchar nuevamente por nuestra libertad y para defender nuestra identidad: “República o muerte”. Es hora de exigir que se reconozca el derecho del pueblo a defenderse contra el gobierno y sus malas leyes. Es hora de hacer de la paraguayización un objeto de orgullo y no de vergüenza.

Cuidado con los lobos disfrazados de ovejas, pues hoy son muchos los que predican el odio con palabras de amor, pero solo han venido para robar, matar y destruir.

3 Comments

3 Comentarios

  1. Isidro Guerrero-Cabrera

    10 de enero de 2021 at 09:54

    Sin ambages, el artículo pinta una obra mestra de paralelismo entre la política criolla y la del gran país del Norte. Pero es mucha pretensión, exagerada presunción. El nivel de desarrollo de cada pueblo no tiene parangón. Cualesquiera acontecimiento que ocurra, los Estados Unidos seguirán siendo la democracia más antingua del mundo. Y no juego su perfección o imperfección…; el Paraguay, el Estafado más grande del mundo…, un país de mierda. Con el actual tendota que tiene y todos sus secuaces de su partido, de la oposición y del pueblo adormecido. “Ko’ape che avy’avé…” escribía el vate popular Quemil Yambay.¡Cuánta verdad!

  2. Carlos Rios

    11 de enero de 2021 at 21:46

    Creo que existe cierta smejanza en los sistemas de gobierno de los EEUU y Paraguay. Al fin y al cabo Sudamerica siempre sigue los pasos del gran patron del norte. Pero la politica es la politica, si hasta Kennedy tuvo que transar con Krushev asi Nikita traiciono a Castro quien quedo cortado del mundo.

  3. Rafael

    15 de enero de 2021 at 00:23

    Muy bueno, como siempre, lo único que no coincido es con traer de ejemplo la figura del Pato.

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