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Política

Mentiras y verdades del cuartelazo del 2 y 3 de febrero

Alan Redick

Alan Redick

Por Alan Redick

 

Sin preámbulos, vamos a la primera gran mentira:

El golpe se hizo para traer democracia

Nada puede ser más falso que eso. Stroessner ya estaba dispuesto a dejar el poder y, curiosamente, fue el mismo Gral. Andrés Rodríguez quien en una reunión al escucharlo decir eso le dijo que eso no podía ser porque el Paraguay lo necesitaba, ereeréa… No conforme con ello, unos días después, volvió a visitar a Stroessner, pero esta vez con un séquito para implorarle nuevamente que no deje el poder. Incluso existe una carta que el mismo Rodríguez escribió a Stroessner en diciembre pidiéndole que Stroessner no deje el poder. En consecuencia, Stroessner gana la reelección, pero, de cualquier modo, ese sería ya su último periodo (por cuestiones mismas de salud).

En agosto de 1987 se había producido el atraco a la Convención colorada. Los militantes, liderados por el “Cuatrinomio de Oro”: Adán Godoy, Montanaro, Jacquet y Mario Abdo (b), forzaron sus voluntades contra los colorados tradicionalistas. La unidad política se comenzaba a romper, lo cual revelaba que Stroessner ya estaba alejándose el poder.

En Estados Unidos estaba como presidente George H. Bush, con una agenda mundial bien definida. En 1989 también caería el Muro de Berlín.

El Gral. Rodríguez no solo era el brazo derecho de Stroessner, sino también su consuegro. Stroessner le había permitido a Rodríguez muchos excesos, el más notorio de ellos, tenía que ver con el narcotráfico, que alcanzó fama internacional (sobre el tema existe un documental muy bueno: “Paraguay, droga y banana”).

Los enemigos de Rodríguez (el cuatrimonio y compañía) iban acaparando cada vez con más fuerzas los espacios de poder. Stroessner iba a pasar a retiro a Rodríguez y esa es la realidad de cómo se da el Golpe. Simple y sencillamente Rodríguez intentaba proteger sus intereses comerciales y personales, ya que sabía lo que le esperaba cuando Stroessner, su consuegro, abandonara el poder.

La prensa mercenaria intentó vender la narrativa de que el Golpe se hizo para traer democracia. También intentaron instaurar la idea de que el Golpe fue una suma de esfuerzos de civiles y militares, pero nada puede ser más falso que eso. Sencillamente, sin Rodríguez no habría Golpe.

La llamada a Stroessner

Cuando en enero de 1989 el emblemático Leandro Prieto Yegros visitó a Stroessner le advirtió sobre un plan para derrocarlo. Prieto Yegros acusó a Rodríguez como conspirador, a lo que Stroessner respondió que no se preocupara, que el mismo Gral. Rodríguez ya le había advertido sobre una conspiración que estaban preparando un grupo de coroneles (y surgía el nombre de Regis Romero).

En la noche del 2 de febrero, la idea era de capturar a Stroessner en la casa de Ñata Legal, pero Stroessner recibió una llamada telefónica que lo alertó del evento, lo que le permitió ir a refugiarse en el Regimiento Escolta.

No voy a decir quién fue el Cnel. de Aviación que hizo esa llamada, eso se lo dejaré como primicia cuando el nieto de Stroessner publique sus memorias. Pero Rodríguez jugaba a dos puntas y tenía todo preparado por si algo salía mal. Efectivamente, alguien de parte del mismo Rodríguez, llamó para alertar a Stroessner (y no fue Regis Romero).

La granada de Lino Oviedo

Otro de los mitos que recorren por ahí es que Lino Oviedo, granada en mano, fue a intimar a Stroessner la rendición. Sobre este punto, yo personalmente le pregunté una vez a Stroessner si qué había de cierto en ello, a lo que él me respondió que era falso. Su hijo Gustavo fue mucho más efusivo en negarlo. Más adelante también escuché a Pachi, la exesposa de Gustavo Stroessner confirmar que la versión era falsa. También, hablando con Graciela Stroessner, me confirmó con detalles que eso nunca pasó.

Todos concuerdan (y todos los detalles que recordaban coinciden entre sus versiones) que el entonces Cnel. Oviedo se encuadró y tras un saludo dijo: “Mi General…” pidiendo que lo acompañara y explicándole la situación y que él solo seguía órdenes.

Cuando le pregunté a Oviedo sobre el tema de la granada, sabiendo él que yo ya había preguntado a Stroessner, a Gustavo y a Graciela, sencillamente me cambió de tema y evitó seguir con el comentario.

Más adelante se modificó la versión. Se dijo que Oviedo, granada en mano, había subido al coche con Stroessner, Gustavo y Graciela. Un tal Miranda era el chofer, y hasta él desmintió que hubiera tal granada. De hecho, sería bastante estúpido eso, ya que iban fuertemente escoltados para intentar cualquier maniobra tipo los Duke de Hazzard. Nuevamente, en lo que todos coinciden, incluso el mismo Oviedo, es en que el trato fue muy cordial, incluso pasaron primeramente por Mburuvicha Róga para traer algunas ropas, de donde el mismo Oviedo terminó cargando dos bolsos.

Lo que sí es cierto es que el protagonismo de Oviedo fue fundamental. Sí es verdad que en cierto punto de la noche el Gral. Rodríguez quiso retroceder y abortar el operativo en la caballería. Lino O. conocía muy bien a Rodríguez y sabía que si fracasaba la intentona solo Rodríguez se salvaría. Fue Lino O. quien en ese punto de la noche retomó el curso del operativo e hizo que el vacilante Rodríguez siga con el plan.

Argaña fue el artífice civil e intelectual del Golpe

El Gral. Rodríguez sabía que el entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia, Luís María Argaña, estaba también quedando cada vez más fuera del círculo de poder y que sería uno de los perseguidos en caso de que el “Cuatridemonio” tuviera más poder, ya que, como presidente de la Corte, estaba metido en varios asuntos turbios.

Rodríguez y los conjurados habían buscado en Argaña un asesoramiento jurídico-político para prever qué pasaría después del Golpe. Según confirmaron luego Oviedo y otros “Carlos”, Argaña no tuvo ningún papel preponderante, más que como asesor. De hecho, en la noche del Golpe, estaba tan asustado que tembloroso en la Caballería, que pedía que mataran a Stroessner y que por nada lo dejen vivo. Sin embargo, Rodríguez se opuso tajantemente a esa postura, arguyendo que harían de Stroessner un mártir que no podrían controlar.

Solo después del Golpe, Argaña se autoproclamó autor intelectual del golpe. A Rodríguez le vino bien seguirle el juego, ya que con ello también opacaba la realidad de que el Golpe se trataba simplemente de una cuestión doméstica. Además, Argaña era mucho más ducho para vender al mundo toda la bolaterapia de la lucha democrática.

Los dos hombres más oscuros del gobierno de Stroessner, Rodríguez y Argaña, el brazo derecho militar y el que justificaba y ocultaba todos los excesos, fueron los que pasaron a convertirse en los héroes de la democracia.

Entre Rodríguez y Argaña existía un acuerdo. Estaba previsto que Argaña pasaría a ser el candidato y sería el siguiente presidente. Obviamente, a los nuevos referentes de la narcopolítica (ahora ya se les había sumado Galaverna) eso no les pareció muy prudente y prefirieron ir con el otro grupo que se había enriquecido gracias al gobierno de Stroessner: “los Barones de Itaipú”, quienes les otorgaban total garantía al Cartel de Rodríguez, siendo incluso socios en muchos negocios comunes.

Es recién ahí donde el proditor Argaña se arrepiente y pide perdón a Stroessner, buscando que éste lo apoye en su campaña política, con la promesa (confesa en su campaña) de que si ganaba haría que Stroessner regrese al país con todas las garantías. El resto de la historia ya la conocemos. Con el apoyo de Stroessner, Argaña arrasa en las elecciones, pero la alianza Caballería-Barones de Itaipú le robaron las elecciones (crimen electoral que más adelante el demócrata J. C. Galaverna confesaría y por tal crimen electoral recibiría un castigo ejemplar de suspensión de dos meses sin goce de sueldo).

El protagonismo civil del Golpe

“Jamás podría yo estar al frente del gobierno por muchos años contra la opinión y los deseos del pueblo”. -Alfredo Stroessner

La prensa mercenaria y el oportunismo político intentaron implantar otro mito: que el Golpe fue el triunfo de un esfuerzo mancomunado de los opositores políticos y los militares. Y esta es otra de las grandes mentiras.

A Stroessner lo echa Rodríguez. Hoy se intentan dar coyunturas históricas que pretenden hacer creer a la gente que el Golpe fue el resultado de una larga lucha civil. Lo cierto es que si bien es cierto que siempre hubo opositores que hicieron oposición, como Laíno, los Saguier, Euclides Acevedo y otros (Juan Ernesto Villamayor nunca jamás hizo nada, solo fue uno más de los colgados después del Golpe). Pero la oposición no derrocó a Stroessner, solo se colgaron después de Golpe de Rodríguez.

La verdad que duele a muchos es que Stroessner era una figura popular, muy popular. Recuerdo que ni bien instaurado el gobierno de Rodríguez la gente solía decir que fue el cuatrinomio el que fundió a Stroessner. Lo cierto es que después de Stroessner, el candidato que haya llevado su estandarte ganaba las elecciones. Incluso hoy día, aunque resultó ser otro traidor más, el presidente actual es nada menos que el hijo de Mario Abdo Benítez (secretario privado de Stroessner).

¿Por qué Stroessner duró tanto?

Hubo muchos gobernantes, en la historia de la humanidad, que han gobernado con un régimen de terror y han durado muy poco tiempo. Stroessner pudo gobernar durante mucho tiempo justamente por armonizar al gobierno con el pueblo y las FFAA.

Solo en Paraguay, antes de la llegada de Stroessner hubo 6 presidentes que no terminaron sus gobiernos: Higinio Morínigo, Juan Manuel Frutos, Natalicio González, Raimundo Rolón, Felipe Molas López, Federico Chávez, derrocado en el golpe de 1954 y donde asumió la presidencia Tomás Romero Pereira, y no Stroessner.

En tiempo de los liberales se manejaron con mayor crueldad. Como dijo Augusto Roa Bastos, “nadie los iguala en crueldad y terror”. Estigarribia incluso instauró en 1940 una Constitución fascista (la cual luego cambió Stroessner en 1967 por una democrática). A pesar de que algunos insisten hoy día en que algunos de ellos son los grandes estadistas del Paraguay, no han hecho prácticamente nada. De hecho, no hace falta creerme a mí, eso es justamente lo que dice uno de los mejores presidentes liberales, Eusebio Ayala, quien escribe en su libro: “no hemos hecho nada” (Patria y Libertad, pág. 204).

A Stroessner se le debe mucho, más allá del progreso material. La mayoría de las leyes son de su gobierno. Contrario a lo que se cree también, en su gobierno aparecieron las figuras intelectuales y artísticas que más renombre nos dieron; sin embargo, en más de 30 años no se ha levantado ninguna figura que alcance a un Luís Alberto del Paraná o a otros tantos escritores.

Gracias a Stroessner hoy tenemos una explotación agrícola excepcional, a pesar de que muchos cuestionen hoy sus reformas agrarias. La oposición rechazó vehementemente que se construyera una ruta desde Cnel. Oviedo hacia la selva. Stroessner argumentaba que “antes de que existiera Asunción, ya estaba el río Paraguay”, y gracias a eso hoy día tenemos a Ciudad del Este, una de las ciudades comerciales con fama internacional.

También se opusieron a Itaipú, pero bien que hoy todos quieren una tajada de las binacionales. ¿Qué sería del Paraguay sin Itaipú y Yacyretá; sin Ciudad del Este y sin la agroindustria? ¿Qué parte de nuestro presupuesto nacional viene de ahí?

Como sostenía Leandro Prieto Yegros, entre los políticos y militares, muchas veces la lealtad pasaba por el estómago saciado y por el dividendo que recibían.

Libro de Leandro Prieto Yegros

Libro de Leandro Prieto Yegros.

El acierto y el gran error de Stroessner

Mi padre solo una vez me dijo algo de Stroessner. Nuestra familia había sido perjudicada directamente por muchos que conformaban parte de su gobierno; sin embargo, mi padre nunca se expresó en líneas generales, solo en particular, con nombres y apellidos, siendo el más despreciable Pastor Coronel.

Al parecer mi padre tenía un buen entendimiento de las particularidades de los paraguayos, por eso, lo que admiraba de Stroessner era su capacidad de contener a tantos ‘jefes’. En otras palabras, de no ser por Stroessner hoy tendríamos lo que tenemos: todos robando de la Patria como si se tratara de una piñata a la que hay que saquearla porque si no otro se lleva los caramelitos.

De que existía corrupción en tiempos de Stroessner, eso es algo que se evidencia con Rodríguez y su Cartel, con los Barones de Itaipú, y con los Argaña. Pero era una estructura muy bien controlada y Stroessner era muy cuidadoso en ello, tanto en no permitir demasiado como en no cortarles del todo.

Hoy día imperan en el Paraguay los grandes feudos y cada grupo político roba sin límites (y cuando ya no hay más qué robar, hacen préstamos). Los del gobierno de turno ya no tienen vergüenza. En tiempos de Stroessner también existían nombres poderosos; quizás el más famoso y rico era Nicolás Bó; sin embargo, ninguno de ellos se atrevía a ir en contra del Estado.

Si quería mantenerse en el poder, Stroessner necesitaba negociar con su gente entendiendo la naturaleza del paraguayo. La coyuntura internacional ya no permitía que otro Dr. Francia pueda establecerse. Pero el gran error de Stroessner fue justamente no seguir su propio instinto y retirarse cuando quiso retirarse.

En palabras de Elio Vera: “[Stroessner] no comprendió y no supo retirarse a tiempo, pero como tenía una corte de chupamedias, que lucraron a sus costillas, y que hoy siguen siendo los grandes duques de la política nacional…”.

Stroessner sabía que ya no le quedaba más tiempo (por una cuestión física). El mundo también iba cambiando. Si no se hubiese presentado ya para el periodo que iba de 1988, quizás hoy la historia lo iba a recordar como lo hace con Charles De Gaulle, Eisenhower, Jimmy Carter o cualquier presidente de la década de los 60 y 70, quienes también tienen sus crímenes políticos, pero a ninguno de ellos se los llama dictador.

En la guerra contra el terrorismo guerrillero, solo en Brasil hubo 11 mil muertos; en Chile 9 mil; en 6 años en Argentina 31 mil; en tres años en Uruguay (con una población parecida al Paraguay) 3 mil; en 35 años en Paraguay, 450. Mientras tanto, más de 100 millones son las víctimas del comunismo, con Stalin, Mao y Castro, que resultan ser los héroes de hoy.

En cuanto a la prensa, en ningún gobierno hubo tanta prensa opositora como en tiempos de Stroessner, especialmente después de la década de los 70. Estaba La Tribuna, El Enano, El Pueblo, y más adelante se le sumaron ABC y otros. El error de Stroessner fue cerrar ABC en 1984 y Radio Ñandutí en 1987. Pero ese cuento que hoy venden de que tanto Acero Zuccolillo como Humberto Rubín han sido los grandes luchadores contra Stroessner es solo eso, un cuento.

La realidad es que tanto Zuccolillo como Rubín eran no solo grandes chupamedias de Stroessner, sino que también se beneficiaron enormemente de ello. Humberto era quien amenizaba con sus loas los festejos del 3 de noviembre. Zuccolillo quiso apropiarse de Vallemí, y después de eso se volvió opositor. ¿En qué momento tanto Humberto Rubín como Zuccolillo se dieron cuenta de que Stroessner era un dictador terrible? ¿Recién en la década de los 80 cuando la cosa comenzó a ir mal?

Y estos no fueron los únicos. Leandro Prieto Yegros publicó un libro al que tituló “Contra la mentira” (1999), en el que cuenta documentadamente las cosas que no se cuentan, como el colaboracionismo de ciertos periodistas, como fue el caso de Alcibíades González del Valle (hoy gran antistronista). También Pipo Dios recordaba no hace mucho en el programa El Repasador, cómo el padre del locuaz Enrique Vargas Peña fungía como pyragüe, y gracias a eso su madre perdió su trabajo en el diario Hoy.

Lo más curioso es que los hijos de quienes se beneficiaron directamente de Stroessner me acusan hoy de estronista, siendo que nunca me he beneficiado de Stroessner (más bien lo contrario).

Son muy oportunas para cerrar este escrito, las palabras del escritor Aníbal Miranda: “En términos de lo que vino después y hasta ahora, esto le permite reivindicarse a Stroessner. Los que vinieron después, especialmente a partir de Wasmosy, fueron terribles, porque se descontroló la corrupción, y si hay algún tipo de encuesta que se puede hacer ahora, estoy seguro de que van a decir durante el estronato vivíamos mejor”.

Después de Stroessner ya no hubo quién contuviera a Rodríguez y su Cartel con el narcotráfico y la corrupción aparte de generalizarse, se descontroló. El país entero pasó a enrejar y amurallar sus casas y los exiliados por necesidad fueron millones, no cientos. En los más de 30 años de supuesta democracia, la voluntad del pueblo nunca se respetó, pero igual insisten en llamar a esto ‘democracia’. Ni la Constitución ni las leyes se respetaron, pero todavía se habla de institucionalidad y Estado de Derecho.

Con o sin Golpe a Stroessner le había llegado su tiempo. Quien más se preocupó de que su gobierno siguiera, fue quien un año después lo traicionó. Los mismos duques de antaño siguieron saqueando a la República, pero ahora ya sin límites. Además, para colmo de males, a los viejos duques se les han sumado una cantidad de supuestos opositores que no hicieron más que rapiñar el Estado y hacerse de los perseguidos. Algún día tendremos que contar todas las verdades, aunque nos persigan por ello, pero de las piedras que nos arrojan, construiremos fuertes castillos.

 

1 Comment

1 Comentario

  1. Marta

    16 de febrero de 2021 at 19:49

    El Paraguay ya no es nuestro.
    Existió si la DICTADURA de Stroessner!!
    Sin él no tendríamos lo que tenemos ahora ??? No lo creo.
    El Pueblo no necesitaba sangrar, para tener éxitos en la agronomía.
    Familias destrozadas, no era necesario para tener rutas.
    Jóvenes desaparecidos, no eran necesario para llamar de PROGRESO QUE STROESSNER que mantenía.
    El País debe mucho, ya no es nuestro.
    Y los que mamaron, y siguen mamando del pueblo; aún están en EL PODER.

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