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Política

Comuneros del Paraguay, antecedente del 14 y 15 de Mayo (I)

Casa de la Independencia. Imagen ilustrativa.

Casa de la Independencia. Imagen ilustrativa.

El inaugural republicanismo político-ideológicamente influenciado por la ilustración, el de 1813 [1], proclamado por la auspiciosa y brevísima Junta Superior Gubernativa que así definió a nuestra Independencia del 14 y 15 de Mayo de 1811, fruto de la nación ya forjada, empezó a sucumbir aquí, a poco de haber nacido formalmente, lo que ocurrió con el inicio de la autocracia francista en 1814. Este régimen de poder unipersonal, el del “despotismo republicano” [2] nacional, otorga unidad a nuestra primera forma republicana a lo largo de sus sucesivas etapas: Francia, primero; después la transición del Consulado y el nuevo autoritarismo, el de  Carlos A. López, concluido dinásticamente con un Congreso hecho a la medida de su sucesor, en el que se forja el último despotismo del siglo XIX, el del hijo general y diplomático, presidente y casi de inmediato Mariscal, Francisco Solano López, administración que transcurre casi por completo en tiempos del conflicto bélico de la Triple Alianza o Guerra Guasu (1864-1870), que contribuyó a que estallara con sus decisiones gubernamentales carentes por completo de la “ética de la responsabilidad”, la que según Max Weber es obligatoria para quienes se dedican a la política y ni qué decir para un jefe de Estado.

Independencia y “despotismo republicano”

Desde luego, cada una de las etapas mencionadas, las de los mismos inicios de nuestro peculiar republicanismo, dentro de su unidad estructural tuvo variaciones en sus formas de legalidad y de dominación. Por un lado las derivadas de los propios ajustes inevitables de cada coyuntura nacional que transcurría en el marco de los cambios experimentados (y percibidos por las autoridades locales) en el subregional “contexto contiguo” del Paraguay, el del Río de la Plata.

De otra parte, y a lo largo de esas casi seis décadas (1864-1870), nuestro propio proceso político institucional también se vería afectado por la impronta que dejaba cada gobernante que sucedía al anterior al frente del país. Es ese marco histórico, muy fuertemente influenciado por las biografías de los tres gobernantes de la primera república paraguaya, el que contribuye a gestar la más predominante de las tradiciones histórico-políticas y culturales de nuestro país, la del autoritarismo. El liberalismo de la Junta Superior Gubernativa ya había sido borrado de la incipiente historia republicana nacional bajo la larga y cruel autocracia de Francia.

Ese “despotismo republicano” fue continuado por Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano, quienes fortalecieron la política de deprimir cualquier intento de limitación jurídica y política del Ejecutivo (republicanismo constitucional), lo cual fortaleció el sistema de opresión, apenas maquillado por algunas normativas carentes de la menor intención de iniciar la constitucionalización del proceso histórico-político nacional. La opción autocrática decidida en las alturas del poder, incluso llega a ser hereditaria, algo visible a pesar de la delgada pincelada “institucional” que pretende ocultar su esencia despótica. Todas estas etapas se suceden sin solución de continuidad durante la primera república.

La primera transcurre entre 1814-1840. Es la era de Francia, quien entre sus exitosas políticas de poder, al inicio de ellas logró objetivamente convertirse incluso en una versión muy peculiar y oportunista de la institución, aceptada mucho después por las leyes supremas del Estado de derecho democrático, la del “dictador comisorio” (García-Pelayo: 1993, 162-169 [3]), hasta quitarse tal disfraz, al haber asumido su verdadera identidad, la de autócrata, y nada menos que “perpetuo”, la del “ser sin eXemplar”, como el mismo definió a su dictadura perpetua. Más que republicano el despotismo de Francia trepa hasta lo autocrático, entre el 1 de junio de 1816 y su muerte (y fin del régimen) en 1840.

Se cierra esta era con una larga transición posfrancista: desde setiembre de 1840 hasta principios de 1844. De ella emerge fortalecido el nuevo presidente Carlos Antonio López. Es la fase del segundo liderazgo republicano y despótico que transcurre de 1844 a 1862 liderada por don Carlos. Desemboca en la era del presidente y Mariscal Francisco Solano López: 1862-1870. En la historia patria es la era del Armagedón localizado, pues las repercusiones apocalípticas de tan cruento y destructivo ejemplo de las guerras totales de entonces nos afectaron solo a nosotros, sin el menor impacto para la región y el mundo.

Este suplantar la construcción de la república por el imperio absoluto de la voluntad del primer déspota, el del inicio de la autonomía política nacional, se contradice con las numerosas experiencias históricas de fermentación, disidencia y descontento populares en el Paraguay de los siglos de la conquista y la colonia, que exhiben ejemplos como el de la Revolución de los Comuneros, entre 1717-1735 y la última y fugaz experiencia revolucionaria de esta saga, liderada por fray Juan José de Vargas Machuca, fue apenas una llama encendida en 1747 y enseguida apagada por la corona. Los Comuneros paraguayos fueron exterminados con la crueldad propia de los absolutistas peninsulares españoles.

Para iniciar alguien el estudio de los comuneros, la investigación e interpretación de tal fenómeno histórico al menos debe incluir los trabajos bibliográficos plurales y contrapuestos, por ejemplo: Astrain: 1995, 259-364 [4]; Audibert: 1892, 215-248 [5]; Báez: 1991, 79-91 [6]; Capdevielle: 1930, 155-222 [7]; Capdevielle y Oxíbar: 1948, 94-118 [8];  Cardozo: 1959, 145-188 [9], y 1991, 33-45 [10]; Creydt: 2010, 71-75 [11]; Charlevoix: 1914 [12]; Chaves: 1958, 86-99 [13]; Díaz Pérez: 1996 [14]; Estrada: 1865 [15]; Garay: 1896, 105-147 [16]; Telesca: 2010, 36-68 [17] y un muy largo etcétera, sin mencionar los repositorios de archivos de la época a ambos lados del Atlántico.

Tradición de autogobierno del común o pueblo

Los comuneros paraguayos fueron la continuidad histórica y cultural de la tradición de autogobierno y de rebeldía política del “común o pueblo”, durante la conquista y la colonia locales, y también significan un renacer con particulares características de las tradiciones comuneras y del derecho natural de las universidades españolas, algo que en estas tierras se manifestó muy temprano, sobre todo por medio de las sucesivas destituciones de autoridades coloniales designadas en la lejana metrópoli imperial, o bien por sus autoridades designadas en el Nuevo Mundo.

Un ejemplo temprano de la antigua vocación libertaria de estas tierras de la futura República del Paraguay había ocurrido ya en 1544, cuando se produjo la destitución  del adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, ejecutada con gritos libertarios, experiencia que después sufrirían otros gobernantes peninsulares en estas latitudes. Los levantiscos vecinos de la Casa Fuerte de la Asunción, y de su área de influencia más próxima, ejercitaron así una temprana manifestación histórica de ejercicio de la voluntad del pueblo, lo que de manera inevitable trajo aparejada la práctica de una vaga noción del interés del común (ejemplo de alguna manera de la dieciochesca y rousseauniana “voluntad general”) por encima incluso de la regia voluntad absolutista y no solo de la de sus servidores locales. Tan peculiar situación se amparaba, debe recordarse, en la Real Provisión del 12 de setiembre de 1537, “que autorizaba a los conquistadores y habitantes del Río de la Plata a elegir gobernador en caso de vacancia”.

La destitución antedicha de Cabeza de Vaca, el designado por el rey para gobernar en Paraguay, fue perfeccionada aquí con la elección popular y local del capitán Domingo Martínez de Irala, para reemplazarlo, y la posterior remisión del defenestrado a España, encadenado y en nave significativamente bautizada “Comuneros” (Cardozo, op. cit., 1991, 24-25; y Chaves: 2010, 53-57 [18]), una ostensible evidencia de los “antecedentes hispánicos” de la muy posterior “Revolución Comunera del Paraguay” (siglo XVIII), estudiada con sus antecedentes españoles varias veces centenarios por Díaz Pérez (1996). Tal movimiento revolucionario en tierras paraguayas tuvo dos antecedentes de armas tomar en la primera mitad del siglo XVII: primero el protagonizado por el obispo Fray Tomás de Torre (1628) y después el de 1649 liderado por otro fraile y obispo, Bernardino de Cárdenas. En ambas ocasiones, encomenderos y franciscanos fueron derrotados por los jesuitas aliados a los gobernadores locales de la corona.

No por casualidad, en 1735, al término de su exitoso trabajo represivo, que ahogó en sangre a los revolucionarios comuneros de la provincia del Paraguay, el gobernador de Buenos Aires, Bruno Mauricio de Zavala “proclamó la caducidad de la Real Provisión de 1537” y dejó establecida la prohibición, de ahí en adelante, de “los cabildos abiertos, juntas y reuniones, e impuso perpetuo silencio sobre lo ocurrido” (Cardozo, ibíd., 43).  La cédula real y la propensión local a los cabildos abiertos, según los fieles servidores del orden implantado en estas tierras por el imperio español, se encuentran entre las causas de las habituales rebeliones en el corazón de América del Sur y mucho antes de la independencia de las colonias, que desde inicios del siglo XIX, paulatinamente, se irían integrando al mundo de los Estados desde esta región del continente. (Este artículo tendrá su continuación el sábado 15).

Algunas referencias bibliográficas:
  1. Dos breves y muy ricas interpretaciones de tal acontecimiento, lamentablemente hoy casi olvidadas, son las de Efraím Cardozo, “La proclamación de la República del Paraguay en 1813”, Separata del Boletín de la Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires 1964, volumen XXXIV, pp. 771-783; y de Luis G. Benítez, “La Junta Superior Gubernativa y el Sesquicentenario de la proclamación de la República (1813-1963), Asunción, 1964, 16 p., El Arte, S. A.
  2. El primero en formular esta conceptualización del predominante modelo y régimen autoritario en la historia nacional fue acuñada por el sociólogo y académico argentino Francisco Delich, quien a principios de los años de la década de 1970 vivió en nuestra capital, investigando y ejerciendo la docencia de posgrado aquí. Ver F. Delich, “Estructura agraria y hegemonía en el despotismo republicano paraguayo”, en Estudios Rurales Latinoamericanos, IV, 3, Bogotá, setiembre-diciembre 1981.
  3. Manuel Garcia-Pelayo, “Derecho constitucional comparado”, Alianza Universidad Textos, Madrid, 1993, 3.ª reimpresión en Alianza Universidad, tomada de la primera edición de 1984.
  4. ASTRAIN s.j., Antonio, “Jesuitas, guaraníes y encomenderos”, CEPAG / Fundación Paracuaria y Missionsprokur S.J. (Nürnberg), Asunción, 1995.
  5. AUDIBERT, Alejandro, “Los límites de la antigua provincia del Paraguay”, Imprenta La Económica, Buenos Aires, 1892, tomo I (el tomo II nunca fue editado).
  6. BAEZ, Cecilio, “Historia colonial del Paraguay y Río de la Plata, Carlos Schauman Editor, Asunción, 1991, edición facsimilar de la original de 1926.
  7. CAPDEVIELLE, Bernardo (F.V.D.) “Historia del Paraguay (desde los orígenes hasta nuestros días)”, La Colmena S.A., Asunción, 1930.
  8. CAPDEVIELLE, Bernardo y OXIBAR, Cipriano, “Historia del Paraguay”, Colegio de San José (FVD), Asunción, 1948.
  9. CARDOZO, Efraím (Prólogo de Justo Pastor Benítez), “El Paraguay colonial. Las raíces de la nacionalidad”, Ediciones Nizza, Buenos Aires-Asunción, 1959.
  10. CARDOZO, Efraím, “Breve historia del Paraguay”, Asunción, El Lector, 1991; y “El Paraguay de la conquista”, Asunción, El Lector, 1996, de esta edición
  11. CREYDT, Oscar, “Formación histórica de la nación paraguaya. Pensamiento y vida del autor”, Editorial Servilibro, Asunción, 2010, cuarta edición revisada y ampliada.
  12. CHARLEVOIX, Pedro Francisco Javier de, “Historia del Paraguay”, Librería General de Victoriano Suárez, Madrid, 1914, tomo V.
  13. CHAVES, Julio César, “Compendio de historia paraguaya”, Edición del Autor / Talleres Gráficos Lumen Noseda y Cía., Buenos Aires, 1958.
  14. DIAZ PEREZ, Viriato, “La revolución comunera del Paraguay y sus antecedentes hispánicos”, El Lector, Asunción, 1996, de esta edición (tercera, autorizada por los herederos del autor).
  15. ESTRADA, José Manuel, Ensayo histórico sobre la revolución de los comuneros del Paraguay en el siglo XVIII, seguido de un apéndice sobre la decadencia del Paraguay y la guerra de 1865, Imprenta de la Nación Argentina, Buenos Aires, 1865.
  16. GARAY, Blas, “La revolución de la independencia del Paraguay. La junta superior gubernativa. El primer consulado”, ServiLibro/Biblioteca Bicentenario / N° 2, Asunción, 2009.
  17. TELESCA, Ignacio, “La provincia del Paraguay, revolución y transformación 1680-1780, El Lector/ abc color, Asunción, 2010, Colección La Gran Historia del Paraguay 3.
  18. CHAVES, Julio César, “La revolución paraguaya de la independencia. Biografía de los próceres”, Intercontinental Editora / Colección Independencia Nacional / Paraguay Bicentenario 1811-2011, Asunción, 2010.
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