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Política

El Centenario que no fue

Una postal de 1911, donde aparecen los principales protagonistas políticos de la época. Foto: Archivo de Jorge Rubiani.

Una postal de 1911, donde aparecen los principales protagonistas políticos de la época. Foto: Archivo de Jorge Rubiani.

El año 1911 fue el de mayor inestabilidad política de la era liberal. Desde 1904 se habían sucedido 5 presidencias, y 1911 se coronó con tres presidentes de la república: Manuel Gondra, el coronel Albino Jara y Liberato Rojas.

De los doce meses que componen el año, Jara fue quien duró más tiempo en el sillón presidencial, no sin antes atender una revolución encabezada por su examigo Adolfo Riquelme. Eran tiempos de crispaciones, y en ese ambiente Jara llegó al poder el 17 de enero de 1911, sacando del gobierno, a su también amigo, Manuel Gondra, quien solo estuvo en la primera magistratura dos meses.

En esas circunstancias integró su gabinete de la mejor manera posible, donde destacaron especialmente Cecilio Báez, como Canciller, y Manuel Domínguez, como Ministro de Justica, Culto e Instrucción Pública.

1911 debió ser año de fiesta nacional, por el Centenario de la Independencia patria, sin embargo, los cuartelazos y revoluciones no dieron tregua. Con el estado de sitio decretado para atender el levantamiento de Riquelme (asesinado por las tropas de Jara el 18 de marzo), la estabilidad recién llegó a fines de abril, con una amplia amnistía a los que se encontraban complicados en asuntos políticos.

No había tiempo para preparar el festejo soñado y como Jara tampoco tenía intenciones de llamar a elecciones para legitimar su mandato, no tuvo mejor idea que certificar que el verdadero Centenario de la Independencia debía conmemorarse el 12 de octubre de 1913, y no el 14 de mayo de 1911.

Su sostén y promotor principal en esa disposición: Manuel Domínguez. El argumento utilizado por Domínguez para el cambio de fecha hacía referencia al Congreso General, concluido el 12 de octubre de 1813, que había fundado la República del Paraguay.

Así, el 22 de abril de 1911, con las firmas de Jara y Domínguez, el poder ejecutivo daba a conocer el decreto que “fija el mes de octubre de 1913 para celebrar la fecha de la Independencia”.

El documento oficial, en la parte del considerando, en lo que se refiere a la Revolución de Mayo (14 y 15 de mayo de 1811), expresaba que “si bien es el punto de partida que condujo a la Independencia, es notorio que se hizo en nombre del Rey de España, pues, el primer Congreso reunido el 17 de junio (1811) todavía protestaba firme adhesión a los augustos derechos de Fernando VII y, en atención, por último, a que el Congreso del 12 de octubre de 1813 fue el que proclamó la República, adoptó nuestra bandera, creando el primer consulado y declarando resueltamente nuestra emancipación patria”.

Sin embargo, más adelante, en el mismo considerando, se observa el verdadero motivo que originó el cambio de fecha del Centenario: “el actual estado del país y financiero del Gobierno, agravado con los enormes gastos ocasionados por la última rebelión”, imposibilitaba “celebrar en mayo próximo la fiesta de nuestra independencia con el esplendor consiguiente a este acontecimiento”.

Por lo tanto, Jara estableció que: “celebrase la fiesta oficial de nuestra independencia en octubre de 1913, verdadera data de nuestra emancipación política”.

La reacción popular

Ante la extraña decisión gubernamental de alterar la fecha del Centenario de la Independencia, la ciudadanía, a través de sus organizaciones, comenzó a planificar celebraciones populares que se extendieron no solo por la capital, sino a varios puntos del interior. Los estudiantes secundarios y universitarios desafiaron el decreto de Domínguez, y prepararon grandes manifestaciones durante las cuales, además de rendir honores a los próceres de mayo, lanzaron duras críticas al gobierno de Jara.

Las mujeres también tomaron la iniciativa y resolvieron organizar una fiesta de gala en el Teatro Nacional (hoy Municipal), retando en la invitación públicamente a Jara, a que, si el mismo se plegaba al festejo, se podría realizar en el Palacio de Gobierno. Presionados por la gente, Jara y Domínguez, terminaron cediendo algo de terreno, aclarando que acompañarían la celebración de la “Revolución de Mayo”, y no el “Centenario de la Independencia”.

En esas condiciones, el baile oficial se realizó en el Palacio de Gobierno, mientras los centros de estudiantes se preparaban para una gran manifestación cívica que tuvo como lugar de reunión la Plaza Constitución (se encuentra frente la Comandancia de la Policía Nacional). La misma fue el 14 de mayo, al amanecer, ocasión en la que se entonó el himno nacional frente a la estatua de la Libertad. Los pobladores de los barrios se volcaron a sus plazas o calles, para realizar bailes y homenajes.

El gobierno, siempre manteniendo su postura, decretó una “semana de fiestas”, a partir del domingo 14 de mayo, contemplándose hermoseamiento de edificios, fuegos artificiales, carreras de caballos, juegos atléticos, salvas de cañones, palo enjabonado, música y procesión con antorchas. Toda una novedad fue el programa cinematográfico que se realizó en el Paseo Holmer (sobre la calle Colón), absolutamente gratuito.

La mayoría de los periódicos cerró sus páginas durante el asueto oficial. Fue un día gris y lluvioso, pero eso no resto gente ni brillo a las expresiones públicas. La reivindicación del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, como líder de la independencia, después de décadas de proscripción, fue uno de los puntos resaltantes de la jornada.

Todos los edificios públicos, comercios, casas particulares y clubes sociales estaban perfectamente adornados y embanderados con la tricolor. Según las crónicas, el centro de Asunción “parecía un hormiguero humano, por la enorme concurrencia que iba de un lado a otro, asistiendo a los sitios de reunión, o simplemente atraída por el embanderado o las iluminaciones”.

El ejército nacional se plegó a los festejos con la tradicional parada que fue disfrutada por miles de personas que colmaron las plazas frente al Cabildo. Hubo corsos, charlas históricas dirigidas por Fulgencio R. Moreno y hasta juegos olímpicos organizados por los clubes de fútbol y de remo de la capital, a las los que se sumaron las escuelas y el ejército.

En el interior del país los festejos no fueron menores y las cronologías hablan de los repliques de campanas, cohetes, bombas, y las largas fiestas encabezadas por bandas de música civiles y militares.

En síntesis, el país festejó los primeros cien años de independencia del yugo español en menoscabo al gobierno de Jara. El pueblo paraguayo prefirió apostar a su memoria histórica y no a un decreto oficial. El coronel cayó dos meses después de las fiestas de mayo. El 10 de octubre de 1913, un nuevo decreto presidencial, esta vez de Eduardo Schaerer, postergó los festejos programados por Jara y Domínguez. Los actos oficiales por el Centenario recién se llevaron a cabo en mayo de 1914.

 

(*) Promotor cultural, docente y escritor

 

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