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Editorial

El dolor paraguayo

Acabamos de batir un récord: tenemos la tasa de mortalidad por Covid-19 más alta del mundo. Como nunca el hashtag #Maritodelamuerte fue tendencia en las redes sociales que hoy son los únicos espacios de manifestación de la ciudadanía. El pueblo paraguayo ha conocido una experiencia extrema, de la que todavía psicológicamente no se repone: la Guerra de la Triple Alianza. Una experiencia de humillación y exterminio.

Todo el tiempo se ha hablado de la lucha contra el coronavirus en términos de guerra contra un enemigo, posición cuestionada desde algunos sectores intelectuales que pedían eliminar la connotación bélica de las acciones emprendidas para afrontar la crisis. Pero, sí, hay que asumirlo: es una guerra. Una guerra desigual, cruenta, que vamos perdiendo batalla tras batalla. Como en toda guerra, el enemigo no solo es externo, también hay enemigos internos. Nuestro principal enemigo, en estos momentos, es el propio gobierno paraguayo que con su incompetencia, desidia y participación en la corrupción es el responsable de la condición precaria, vulnerable y privada de toda esperanza que vivimos.

La gestión de la pandemia ha puesto en evidencia las falencias y aptitudes de los gobiernos del mundo. El caso de Brasil disparó las alarmas pues todo el planeta supo que desde allí el mal se propagaría con gran facilidad urbi et orbi. Nuestra relación con ese país, con el que compartimos una extensísima frontera terrestre y fluvial, nos puso desde el inicio en situación extremadamente vulnerable. A Jair Bolsonaro se lo tildó, no solo en Brasil, de genocida. Marito lo ha superado. La relación entre el número de muertos y la cantidad de habitantes en Paraguay, como dijimos al principio, es la más alta del mundo.

En 1907, a propósito de la atroz experiencia de la guerra, escribía Rafael Barret: “Sois los sobrevivientes de la catástrofe, los errantes espectros de la noche después de la batalla… ¿Quién intentará curar, consolar a los que perdieron todo? … ¿Quién confortará a los que aún no rompieron en llanto y en ira?”

Hoy nos preguntamos: ¿Cómo sobreviviremos, cien años después, a esta nueva guerra? ¿Cómo sobreviviremos a esta abyecta gestión de gobierno? Si no se toman medidas correctivas extraordinarias pensando única y exclusivamente en el bien de todos los habitantes de esta REPÚBLICA, esta será nuevamente una guerra perdida. Será, otra vez, “el dolor paraguayo”.

 

D.D.W-S

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