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Editorial

Gestión ambiental nula

Una vez más estamos sitiados por el fuego. En los últimos días las imágenes satelitales mostraron el territorio nacional cubierto de focos de incendio, el aire se hizo irrespirable y las mediciones señalaron como “insalubres” los barrios de Villa Morra, Las Mercedes, Mercado 4, Bella Vista, Itá Enramada, San Pablo, Herrera, Zeballos Cué y ciertas zonas de Luque, Fernando de la Mora y Mariano Roque Alonso. Ni hablar del resto del país, especialmente Amambay y Concepción, donde grandes extensiones resultaron devastadas por las llamas. Hace poco más de una semana, el sitio sagrado de los Pai Tavytera, en Jasuka Venda, quedó calcinado.

El cuadro es cíclico. Hace un año, en esta misma época, nos desesperábamos ante los incendios del Jardín Botánico, del Parque Guazú Metropolitano, de zonas de Areguá y San Bernardino. Las franjas de dominio de las rutas siguen siendo las primeras en quemarse.

Lo que sucede en estos momentos es un claro resultado de la falta de previsión. Todos los gobiernos del mundo saben que la gestión ambiental es prioritaria. La sequía ha alcanzado niveles alarmantes, el calor aumenta y la situación climática afecta ya todos los órdenes de la vida. No se puede permanecer impasible o pensar que el tema puede ser dejado para más adelante. Los incendios son la señal, que se repite año a año, de la ineptitud en materia ambiental.

¿Cómo es posible que no exista un plan nacional de prevención y combate al fuego rural y forestal? Necesitamos una estrategia interinstitucional que ponga en práctica acciones no solo destinadas a paliar los efectos de las catástrofes sino a prevenirlas, que es lo que corresponde a una gestión inteligente.

Necesitamos una estrategia concertada entre ministerios, gobernaciones y municipios para encarar la cuestión como es debido. Deben estar involucrados en esta articulación el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y el INDERT, todos bajo la coordinación del Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADES), con el concurso del Ministerio Público para determinar y sancionar a los responsables de las quemas descontroladas. La Secretaría de Emergencia Nacional debe cumplir su rol también, pero no puede ser la instancia gubernamental de mayor protagonismo. Por otro lado, cabría también proceder a una revisión del corpus legal.

Asimismo, el Ministerio de Educación debe participar activamente en el plan. La malla curricular en escuelas, colegios y universidades debe incluir, entre sus materias, la gestión ambiental. Si no se enseña a los niños y jóvenes la importancia fundamental de cuidar el medioambiente, no podremos salir nunca de la crisis. Por otro lado, hay que reconocer que a la falta de educación en el aprecio por el hábitat se suma la deficiencia, y la inexistencia en algunos casos, de servicios públicos de recolección y disposición de residuos, cuya quema es una de las causas más frecuentes de incendios.

En el mundo el tema ambiental dejó de ser preocupación de pocos para transformarse en uno de los ítems prioritarios de la agenda internacional y las políticas nacionales. Se trata de un complejo de condiciones que exigen un abordaje multidisciplinario bajo una conducción política clara, cuyo un horizonte amplio trascienda los plazos electorales y contemple la vida de las próximas generaciones.

Necesitamos, con urgencia, una política ética y eficiente de gestión ambiental que nos garantice un país seguro, limpio y saludable para a todos.

D.D.W-S

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